Entre el 12 de noviembre y el 11 de enero, Erik Ruiz jugó solo 34 minutos con el Zamora CF. Venía el central de ser indispensable con Sabas y pasó a ser prescindible con Cano. Cosas del fútbol, se entiende. Ese día de principios de año jugó por necesidad contra Unionistas y se manejó bien. Pero el puesto era de otro compañero. Tuvo que esperar todavía un poquito más el defensa hasta que el entrenador le llamó a filas para brindarle protagonismo. Y él estaba preparado. ¿Quién le va a sentar ahora?
La persistencia de Ruiz, un tipo que ya ha cruzado los treinta sin ceder un centímetro de profesionalidad, vale de ejemplo en esta primavera de felicidad futbolera en la ciudad. Y también sirvió este sábado para encarrilar el mejor triunfo de la campaña: por importancia y por juego. Le pegó Ramos desde su casa, el portero rechazó como pudo y el defensor vasco apareció por allí como un nueve, sin abandonar la jugada, listo para brincar por encima del jugador de la Ponferradina y descorchar un partido en el que el Zamora ya hacía rato que venía zarandeando a los bercianos.
Quizá, según venía el campeonato, no era malo el empate, pero los rojiblancos jugaron con precisión y con alma para desmontar a un rival que amenazó algo en el primer tiempo, pero que tuvo que entregarse en el segundo. Ganó el Zamora en los duelos, ganó el Zamora en las combinaciones, ganó el Zamora en la presión y ganó el Zamora en el acierto. Sin los penaltis del descuento, podría haber sido 1-0, pero un 1-0 corto.
Las penas máximas sirvieron, además, para escuchar el grito de euforia de la gente. Ya se agarra el objetivo del play off, pero la hinchada pide más porque ve potencial. Lejos queda el pesimismo del invierno. Ahora, brilla el trivote, sujeta Sobrón, se imponen Ruiz y Luengo, vuelan Moreno y Codina; muestran brotes verdes Damar y Márquez, y no deja de apretar Losada. Por si acaso, marca Carbonell. Y cabalga Sancho. Y hay un puñado más de alistados a la causa.
Todos esos y otros más se juntaron a dar saltos en un corro cuando todo terminó. Era el corro de un play off que ya no se debe escapar. Desde el desastre contra Unionistas, cuatro de cuatro para los chicos de Cano, que pueden cerrar matemáticamente el domingo su presencia entre los ocho equipos que se disputarán dos billetes para jugar el año que viene en Segunda División. Será la séptima vez en una fase de ascenso sin ningún éxito precedente que mencionar. Pero la búsqueda del fútbol profesional también es cuestión de persistencia. Y estos tipos la tienen.
