Felipe Fernández llega en coche por los caminos. El campo exige faena en este martes de abril que viene como toda la semana: un rato de sol picante y otro de amenaza de tormenta. El protagonista de la historia aparece en la zona donde están las ovejas, al pie de una nave a las afueras de Carbajales de Alba, ya en la salida hacia Manzanal del Barco. Tras desatascar la puerta, cruza hacia la parcela junto a los animales y se deja fotografiar. Ahora, apenas hay un puñado de castellanas. Pronto serán bastantes más.
Esa es la vida que ha elegido Felipe, que cuenta después su historia, la de uno de los jóvenes de la contorna que ha decidido tirar adelante con esta raza de ovino que adolece de ganaderos con vocación. La asociación nacional de criadores de estos animales está formada más bien por gente veterana – 71 socios en total y todos en Castilla y León – pero todavía asoma algún profesional con años por delante y ganas de lanzarse a un oficio que nadie desconoce en Carbajales. Aunque sea de oídas, todo el que se mete sabe dónde va.

También Felipe, que se maneja en estos momentos con 80 cabezas, pero que en las próximas semanas incorporará el resto hasta quedarse con 300. Este es el último giro en la vida de un hombre de 34 años, ingeniero agrónomo de formación e hijo de un pequeño agricultor de la localidad. «Al principio, llevaba 20 hectáreas y empecé a trabajar fuera en diferentes empresas. Pero iba pillando alguna tierrilla más y llegó un punto en el que me vi con más volumen y decidí incorporarme», resume el vecino.
En ese momento, Felipe no pensaba en las castellanas: «Las ovejas ni eran mi intención ni me gustaban», afirma. Es más, inicialmente, el profesional de la Tierra de Alba tenía idea de poner unas vacas en extensivo. «Pero me apareció la oportunidad de coger el código de un señor con ovejas y dije: para limpiar las parcelas y demás», recuerda el ahora ganadero. Ese fue el primer clic. Después, vino la reflexión.
Y ahí Felipe fue haciendo cálculos sobre la marcha: «Pensé: lo mismo me dan trece que veinte; luego, veinte que treinta; más tarde, treinta que cincuenta…», enumera Felipe, que al final se lanzó a cambiar su expediente de incorporación. En cuanto resuelva unos flecos, se plantará con 300 animales. «Son ovejas que llevo conociendo toda la vida, con una morfología que me gusta mucho», aclara el profesional, que tiene amigos que «las entienden» y que valora de ellas que «son muy rústicas y se adaptan a las condiciones climáticas y de pastoreo de la zona».

«Es un cúmulo de cosas», constata Felipe, que habla igualmente de lo bien valorados que están los corderos como factor positivo. Aunque, como en todo, también hay un precio a pagar: «Desde septiembre, mi vida ha dado un giro de 180 grados. Antes, en la explotación de la agricultura, todo iba enfocado a maximizar rendimientos para vender la cosecha. Ahora hay que cambiar el sistema productivo», advierte el ganadero.
Felipe Fernández habla de forrajes en rotación y del cambio de cultivo en algunas tierras que antes utilizaba siempre para grano. Eso, en lo tocante a la alteración de su estrategia en la agricultura. Luego está la gestión de las ovejas. Sus amigos, los que las entienden, ya le habían apuntado «que el ganado come mucho y que esto es todos los días», pero también que las castellanas, «si las tratas bien, te lo devuelven».
Y eso implica, en muchas ocasiones, sacarlas fuera, aunque Felipe apuesta por un sistema mixto que le permita combinar el pastoreo con el hogar. «¿Que hay que estar con el ganado? No hay ningún trabajo que dé dinero sin estar. En cualquier sitio, si no vas a trabajar te despiden. La gente tiene muy demonizado el campo, pero vete a Madrid a coger el metro todos los días y a pagar un alquiler que te come casi todo el sueldo», recomienda, con ironía, el vecino de Carbajales.
Todo cerca
En su caso, muchas de las jornadas consisten en ir unas horas con las ovejas y, «si no hay mucho trabajo en el campo, a dar una vuelta, marchar a Zamora o jugar la partida». Con ese escenario, Felipe está convencido de la decisión, aunque ha tenido que persuadir incluso a la familia. Estar cerca le ha ayudado a lograrlo. Al final, en Carbajales, el ganadero lo tiene todo a mano.
Bien cerca tendrá la feria de San Miguel, que se celebrará el sábado y estará centrada precisamente en la raza castellana de ovino. Felipe acudirá, aunque para participar en mejores condiciones tendrá que esperar al año que viene. «Al final es un evento que promueve y promociona todo lo que hacemos», remacha este ingeniero de la Tierra de Alba que ya espera la llegada de más animales a su vera.
