– Mira, Vega, un burro. Y nos podemos hacer fotos.
Las madres acercan a las niñas mientras el asno reposa junto a sus dueños a la sombra del Molino de los Genicios, en el término de Mellanes, en pleno Aliste. El animal, que lleva por nombre Nicanor, acaba de cargar el grano desde el pueblo hasta ese paraje acompañado por sus humanos de confianza, los hermanos Domingo y Paulina Teso. También bajaron con él otros vecinos que se animaron a dar el rodeo por un entorno natural reverdecido y con vistas. Otros, los que esperaban hace rato, escogieron el sendero corto tras atravesar el riachuelo.
Al final, todos confluyen en el mismo lugar, a las puertas del ya mencionado molino donde antaño iban las gentes de este pueblo y de la contorna a moler el grano para conseguir la harina. Cuentan los vecinos que se hacía por turnos, que cada cual tenía unos días asignados en función de las tierras de las que disponía. Pero eso era en su tiempo. Hace años que esa jera dejó de estar en el día a día de las gentes de Mellanes. Un paisano llamado Pedro fue el último que bajó a moler de verdad. Luego, el cierre.

Y luego la restauración de este Molino de los Genicios, claro. Por eso están los vecinos aquí. Porque la instalación empezó a quedar abandonada, pero antes de que se viniera abajo hubo una intervención. La lideró el hombre que ahora es el alcalde pedáneo de este pueblo donde viven 32 personas de continuo. Su nombre es José Cruz, Jose para quienes le llaman. Muchos un día como este. Su voz es la que suena también cuando hay que dar las explicaciones de lo que se hizo y de lo que toca representar en este primer sábado de mayo.
Por empezar por lo segundo, para dar contexto, conviene apuntar que lo que hace Mellanes es dar carácter festivo al llamado Día de la Molienda. Los vecinos y los de fuera se juntan en la era del pueblo, donde se montan los puestos de artesanía; luego ven cómo funciona un horno de leña y de qué forma se elaboraba la masa tradicional de harina; después bajan a pie hasta el molino con el burro, donde entienden cómo se utilizaba este recurso; y ya de vuelta a la era se come. Faltaría más. La masa frita, los hornazos y los panes de aperitivo, y los platos principales a continuación.

La tarde sigue con las historias de Guti, actividades para niños y una discoteca móvil para rematar la jornada. Pero volvamos al molino, a las explicaciones de Jose, que habla ante el pueblo y junto a las dos autoridades que han acudido a la cita: el alcalde del municipio, Santiago Moral, y el presidente de la Diputación y representante de la zona, Javier Faúndez. Ambos atienden, junto al público, a lo que cuenta el pedáneo. Y lo que cuenta es que «este molino era una lástima».
Habla Jose del año 2017, cuando el Ayuntamiento empezó a plantear la posibilidad de restaurar el inmueble. Todo arrancó con un grupo de voluntariado que lo limpió por dentro, le sacó la maleza, las vigas y las tejas, y se sintió respaldado por el acuerdo posterior entre el municipio y la Fundación Fomento Hispania. Con ese apoyo externo, el molino se pudo rehabilitar. Y no solo para darle la funcionalidad de siempre; también para convertirlo en un pequeño museo etnográfico.

En el interior no solo se ven los mecanismos del molino activados con la fuerza del agua que hace girar las piedras para moler; también hay carteles explicativos y aperos antiguos. Todo apela a las personas que se asoman al interior para ver de qué va el asunto. Los niños trepan, se sorprenden y casi se asustan con la fuerza que se desprende. Los adultos jóvenes, mientras, se informan de algo que ya no vieron. Y los mayores recuerdan.
«Poco a poco. Hay grano de sobra, así que no os aglomeréis», advierte Santiago Moral, que reconoce el empuje de Jose a la hora de conseguir que el molino sea hoy lo que es y que la gente pueda verlo. «Esto no paraba ni de día ni de noche», recuerda el aludido, antes de que el grupo emprenda el regreso a la era. Este sábado, Mellanes tampoco se detiene.

