El viento agita las nubes que sobrevuelan Carbajales de Alba. Acaba de dar la una de la tarde y no ha llovido todavía, pero ya amenaza. No hay que embobarse con el tiempo en este primer sábado de mayo, día de la feria de San Miguel por estos lares. Fuera, en la pradera, las gentes aguantan el viento mientras contemplan a los animales, los grandes protagonistas del día. Lo que luce son los machos de ovino de raza castellana, que compiten de la mano de sus ganaderos en el concurso morfológico.
De esos hay como 110, pertenecientes a sus veintiún dueños, ganaderos que resisten con una raza que no abunda, pero que engancha, según dicen los que conviven con ella. Los paisanos miran a los machos con atención. Unos con más conocimiento que otros. También se forman corrillos de profesionales que analizan a los ejemplares o comparten las quejas y las penas propias del sector. Siempre mordaces más que alicaídos. No es cuestión de pasar la vida en la amargura.

Por delante de los entendidos pasan las familias con los niños, que señalan a los rediles donde pacen los impertérritos animales, aparentemente ajenos al movimiento que se produce fuera del cubículo. Los nenes se ponen en pie encima de las sillas, se asoman entre los barrotes y contemplan a los ejemplares. A los de ovino y a los burros que complementan la parte animal de la feria de San Miguel. Son asnos de la raza zamorano-leonesa. Todo es típico por aquí.
Casi todo. La nota discordante la pone la música urbana que suena por los altavoces. Tiene que arrancarse el grupo tradicional poco después para poner el broche zamorano a una feria que podría ser de antaño, pero que sigue ahora. Con esfuerzo, como dice el alcalde de Carbajales, Roberto Fuentes. Pero sigue. Y creciendo en algunos aspectos, como el del mercado de artesanía donde hay bordados, ropas, maderas, panes, mieles o almendras garrapiñadas.

Ese último manjar a medio camino entre el fruto seco y la golosina cubre el pabellón donde están los puestos de un olor dulzón. En esa atmósfera se hacen los homenajes a los veteranos, se entregan los premios a los mejores ejemplares y se informa a los interesados de los servicios de la asociación de la raza castellana o de otros menesteres. Ya decimos que aquí, en San Miguel, hay para el curioso y para el experto.
«En general ha venido muchísima gente», celebra Roberto Fuentes, el alcalde, que habla del ganado ovino, de los burros y de los puestos como un todo atractivo para quien se pasa por Carbajales tal día como hoy. Los artesanos venden, los ganaderos también y, además, este año, hay cierta sensación de que el relevo generacional asoma. Años atrás parecía que la generación que ahora se va agotando iba a ser la última, pero la visión ha dejado de ser esa.

Y es que hay chavales aquí en Carbajales dispuestos a ir adelante con la raza castellana. También otros por la contorna. Eso lo celebra el alcalde, pero también José Castedo, el presidente de la Asociación Española de Criadores de Ganado Ovino Selecto de Raza Castellana (ANCA). «Algo de movimiento hay. Que tres o cuatro ganaderos se quieran incorporar ya es una noticia muy importante», concede el responsable del colectivo, que de momento se conforma con «una renovación, aunque sea pequeña».
La feria busca fomentar todo eso, que haya «intercambios de opiniones entre los ganaderos», consejos de unos a otros y transferencia de conocimiento en todo lo que tiene que ver con el oficio. «Es entender el mundillo y que te pique el gusanillo», remarca Castedo. Dos diminutivos con importancia superlativa para tirar con esto. Casi lo de los premios de la feria es lo de menos, pero todos quieren ganar. Esta vez, Antonino Andrés, de Sesnández, y Joel Pérez, de Olmillos, se llevaron el bote mayor.

Los premios de la feria
Primer premio al mejor ejemplar (300 euros): Antonino Andrés, de Sesnández
Segundo premio al mejor ejemplar (150 euros): José Daniel Serrano, de Manzanal del Barco
Tercer premio al mejor ejemplar (100 euros): José Antonio Fínez, de Ferreruela
Cuartos premios al mejor ejemplar (60 euros): Vidal Casas, de Carbajales de Alba; Jesus González, de Bermillo de Alba; Lorenzo Ferrero, de Ferreruela; y Joel Pérez, de Olmillos de Castro.
Premio al mejor lote (Mil kilos de pienso): Joel Pérez, de Olmillos de Castro.
