Cuando esto queda escrito, en la mañana del domingo 15 de marzo, el Zamora CF y el Guadalajara son los únicos equipos del grupo I de Primera Federación que han ganado sus dos últimos partidos. Dicho de otro modo: los rojiblancos y los castellanomanchegos ostentan la mejor racha vigente de triunfos consecutivos del campeonato. Ninguno de los dos acumula tres victorias sin error porque los dos conjuntos empataron entre ellos en la jornada previa a este mini encadenado. Otro dato: el Tenerife, líder con diez puntos de ventaja sobre el segundo, no gana en casa desde enero.
Las estadísticas sirven para dar contexto, para entender mejor el mundo que nos rodea. Y el de la Primera Federación es un cosmos difícil de analizar sin caer en el tópico de que todos se la pueden pegar en cualquier escenario. Por eso, ganar dos seguidos da valor y dispara al de media tabla hacia el play off y al desahuciado hacia la orilla. Aunque sea jugando mal. En el equilibrio, el resultadismo decanta la balanza.
También para la gente, que pitó en la primera parte y aplaudió al final sin que mediara un cambio radical en la imagen del equipo que venció 1-0 al Arenteiro. En realidad, el partido solo tuvo dos cosas: las dos después del descanso y una en cada portería. En la primera, Jaime Sancho mandó un inopinado centro con la zurda a la cabeza de Mario Losada, que casi sacó la crisma de los hombros para impulsar el balón hacia el punto de la portería más cercano al palo. Gol.
La segunda cosa tuvo menos estética, más tensión dramática y un poquito de FVS, la herramienta urdida por los dirigentes de la competición contra el público y el colegiado. Con este videoarbitraje, la gente se desespera y el dueño del silbato mira hacia la pantalla y no ve nada. En el caso de este sábado, hubo un penalti por mano de Kike Márquez en el área del Zamora CF. La revisión de la acción no aclaró al 100% que el atacante rojiblanco cometiera la infracción, pero la falta no se anuló. Ahí, perjudicado el local.
Pero es que luego, después de que el lanzamiento de penalti se estrellase en el larguero y volviese a la cabeza del delantero del Arenteiro, tampoco se vio nítidamente si fue el jugador visitante o Fermín el que tocó esa pelota primero. El detalle era el que decidía si el tanto en el rechazo valía o se anulaba. El árbitro decidió que no era gol y ahí se acabó otro capítulo para la historia del videoarbitraje modesto. También las acciones relevantes de un partido que ganó el Zamora. Sin jugar bien. Pero los hombres de Óscar Cano van cuartos cuando esto queda escrito.
