El viaje a pie empieza pasadas las diez de la mañana en el pueblo donde se prendió la mecha aquel infausto 10 de agosto de 2025. Exactamente, siete meses atrás. El nombre de esa localidad, Molezuelas de la Carballeda, se asocia, desde entonces, a aquel fuego terrible que arrasó decenas de miles de hectáreas entre las provincias de Zamora y León. Lo peor del peor verano que se recuerda en las campañas contra incendios. Y quienes caminan no lo olvidarán.
Esas personas que avanzan en dirección a Rionegro del Puente son miembros del operativo contra incendios y vecinos del pueblo que se animan a acompañarlos hasta que la fatiga y los años alcanzan, y obligan a volver. Los que siguen, primero hasta la localidad vecina y después rumbo a Villardeciervos, son algunos de esos profesionales que se enfrentaron a las llamas en el verano y ahora llevan unos meses asomados a la precariedad. Como cada año. Eso es, al menos, lo que denuncian en la ruta.
Uno de ellos, Sergio Fidalgo, es el que habla para explicar por qué se organizan estas marchas, que se ven durante estos días por varias zonas de la comunidad y que nacen de la Asociación de Trabajadores de Incendios Forestales de Castilla y León. «El 1 de enero, la Junta sacó una comunicación de que el operativo iba a ser fijo todo el año, pero eso es una mentira. Solo le afecta al 20%, el que está en la parte pública. El resto seguimos en la privada y nos mantenemos como siempre habíamos estado», asevera el trabajador.
Eso quiere decir que no todo el año. Pueden ser cuatro meses o diez, pero no de continuo. Fidalgo afirma que, de los 4.000 miembros del operativo en Castilla y León, apenas 900 lograron algo tangible a partir del 1 de enero. El resto se mantiene tal cual. «Y las dotaciones reales que hay para 2026 son prácticamente las mismas que las de 2024 o 2025», añade el manifestante: «No se sabe dónde están las veinte cuadrillas o los diez helicópteros nuevos que dijeron», recalca el portavoz del grupo.
Las marchas buscan, por tanto, «mostrar la realidad a la ciudadanía»; hacerle saber que en 2026 puede suceder lo mismo que en 2025. «Queda muchísima superficie forestal sin gestionar, con muchísimo combustible por las últimas lluvias que hemos tenido este mes», asevera Fidalgo, que tiene claro que «esto es una lotería que en algún momento va a tocar» porque el sistema de prevención «no ha cambiado».
«Al final, un operativo digno no deja de ser un derecho por parte de la gente rural, que es la eterna olvidada», destaca Fidalgo, con Villardeciervos ya en el horizonte pasadas las dos y media de la tarde. «La gente no debería estar esperando a medios de extinción que nunca llegan», apostilla el profesional leonés, que lamenta que haya compañeros que han decidido ya rendirse y buscar trabajo «de carniceros, de ferreteros o de lo que sea».
«Un campamento de verano»
Eso, según Fidalgo, convierte este oficio en «un campamento de verano» en el que «muchos entran, prueban, están un par de años y se marchan». «Antaño, en las cuadrillas, encontrabas a cinco personas con experiencia y dos nuevas, pero ahora es al revés. Solo tiene experiencia el capataz», afirma el miembro del operativo, que admite que sus marchas no están encontrando un respaldo masivo por parte de los compañeros. «Sabemos que luego hay una serie de consecuencias cuando muestras la cara o hablas a la prensa», justifica el bombero, antes de llegar al destino sin soltar la pancarta. En Villardeciervos esperaba la gente de otro verano infame: el de 2022.
