A finales del siglo XIX, en Zamora, junto al río, solo existía el barrio de La Horta. El que hoy es uno de los barrios más concurridos de la capital, el de Candelaria, no era aún ni proyecto. La que hoy es una de las zonas con la renta per cápita más alta de Zamora y uno de los barrios donde más precio por metro cuadrado cuesta una vivienda estaba entonces ocupada, exclusivamente, por campo. Hasta que una mujer, zamorana pero residente entonces en Valladolid, decidió destinar parte de su extenso patrimonio a construir seis viviendas para pobres en un lugar cercano a la ermita de la Peña de Francia. Era Candelaria Ruiz del Árbol, uno de los nombres que todos los zamoranos conocen. Muchos, en cambio, desconocen su historia.
El barrio de Candelaria, que evidentemente no llevaba este nombre hasta ya entrado el siglo XIX, arrancó con esas seis casas para familias pobres. La zona, que ahora lleva el nombre de su fundadora en la calle principal, fue levantada por iniciativa de una mujer que formaba parte de una distinguida familia zamorana, aún con descendencia en la provincia y consciente de las dificultades económicas de sus convecinos. Al estilo de las viviendas sociales para jóvenes y personas vulnerables que la sociedad ahora exige a sus gobernados, Candelaria Ruiz del Árbol promovió la construcción de seis viviendas para familias pobres de solemnidad. Se inauguraron en 1896 con la asistencia de la propia benefactora, entonces vecina de Valladolid aunque, a los hechos hay que remitirse, muy ligada a su ciudad.
Candelaria Ruiz del Árbol se muda a Valladolid después de contraer matrimonio con Sabino Herrero Olea, uno de esos nombres que se aprenden los estudiantes de periodismo, pues fue uno de los fundadores de El Norte de Castilla, periódico del que fue director. Herrero fue diputado en Cortes durante el Sexenio Democrático e integrante de la comisión de ilustres que viajó a Italia a ofrecer la corona española a Amadeo de Saboya. Durante el mandato de Manuel Ruiz Zorrilla fue secretario de Gobernación. Murió en Francia, donde se exilió con su mujer, en 1879.
Viuda, Candelaria Ruiz del Árbol regresó a Valladolid y, ya sin su marido, los lazos que la unían con su Zamora natal fueron aún más fuertes. Una década después de regresar, esta ilustre zamorana albergó la idea de construir viviendas para los más jóvenes, cuestión que cristalizaría poco después.
La inauguración del barrio, ratifican las noticias de la época de entonces, fue evidentemente «muy concurrida» por la vecindad, agradecida del gesto de «la ilustre zamorana Doña Candelaria Ruiz del Árbol, que habitualmente reside en Valladolid», reflejaban las crónicas. En 1897 registran los diarios otra visita de la benefactora al entonces llamado «Barrio de Caridad», que honró a su promotora con una misa en la ermita de Nuestra Señora de la Peña de Francia, una función religiosa presidida por la propia homenajeada.

La construcción de viviendas en Zamora no fue el primer acto altruista de Candelaria Ruiz del Árbol. Las ayudas que la zamorana otorgaba a diferentes colectivos eran conocidas en la época y abarcaban, según los historiadores, desde las meras dádivas a colectivos desfavorecidos a las donaciones de importante calado. En los barrios más deprimidos de la Valladolid de finales del siglo XIX quiso Candelaria Ruiz del Árbol construir colegios, asumiendo todos los costes de construcción y el mantenimiento futuro, donando la propiedad de los centros al Ayuntamiento de Valladolid.
Una descendencia no tan generosa
De ello da cuenta Rodrigo Almonacid en su libro La arquitectura escolar en España y su reflejo en la ciudad de Valladolid (1900-1936), editado para el Instituto Universitario de Urbanística de la Universidad de Valladolid. Se refleja lo siguiente: «Años atrás, el abogado y político José Muro representó, entre 1889 y 1892, a Doña Candelaria Ruiz del Árbol, viuda del empresario, periodista y también político Sabino Herrero Olea, para construir una escuela de primera enseñanza, inscribiéndola el Ayuntamiento como suya, que diera servicio a las parroquias de San Martín, San Pedro, San Juan o la Magdalena. De haberse llevado a cabo, Ruiz del Árbol se hubiese encargado de dotar de mobiliario a la escuela, de atender la conservación del edificio y de nombrar a los maestros, a los que pagaría, primero ella y después sus herederos». Fue este último punto el que dio al traste con su operación que se iba a llevar a cabo. Aunque Candelaria Ruiz del Árbol sí quería ser generosa con los menos favorecidos, sus descendientes, parece, decidieron no seguir la misma línea, o al menos no hacerlo de manera tan intensa. Ella quería construir el colegio y hacerse cargo del mantenimiento y sueldo de los maestros. Sus herederos no querían ir tan lejos, lo que frenó la inversión. Y en ese momento surgió en la mente de la zamorana la idea de levantar casas junto al Duero en su ciudad natal.
Inauguradas las viviendas, Candelaria Ruiz del Árbol vivió aún casi tres décadas más, algunos años en Valladolid y otros, los últimos de su vida, en Madrid. Allí falleció un 18 de febrero del año 1915. Y cómo no, quiso ser enterrada en su ciudad, en Zamora, donde su féretro llegó en tren unos días más tarde, el 21 de febrero. Del fallecimiento daba cuenta, con una gran esquela en primera página, el Heraldo de Zamora: «La excelentísima señora Candelaria Ruiz del Árbol y Entrecanales ha fallecido en Madrid», decía el texto, que añadía que sus familiares pedían a los ciudadanos que «consagren un piadoso recuerdo y asistan a la conducción del cadáver, que tendrá lugar el domingo 21 de febrero, a las nueve de la mañana, desde la estación de ferrocarril al cementerio». Se añadía un interesante apéndice al texto: «Por disposición expresa de la finada no se admiten coronas ni se reparten esquelas». Los zamoranos respondieron y acompañaron a familiares y amigos en la conducción del cadáver al camposanto.

La sepultura recuperada
Allí, a las afueras de la ciudad, descansa desde aquel 21 de febrero Candelaria Ruiz del Árbol. Lo hace en un lugar discreto, como era su deseo. Tanto que, durante muchos años, se trató de un lugar olvidado. En las tareas de puesta a punto del cementerio que se hacen todos los años por el Día de Todos los Santos, un operario de limpieza encontró un interesante hallazgo en el mes de noviembre del año 2011. Bajo la vegetación y la maleza de cierta zona del cementerio apareció una lápida con un nombre, el de Candelaria Ruiz del Árbol. La mujer a la que Zamora, justamente, ha honrado dando su nombre a una de las calles del barrio que ella misma impulsó.

