Queda un año, pero hay que preparar el terreno. Las elecciones municipales, las que sirven para elegir a los alcaldes de los pueblos, se celebrarán a finales de mayo de 2027 y las maquinarias de los partidos ya están en marcha con el objetivo de afinar al máximo las candidaturas en cada rincón. Y no solo para quedarse con el poder en el ayuntamiento de turno, que también, sino para posicionarse con el objetivo de gobernar la Diputación Provincial.
El PSOE ofreció este viernes una rueda de prensa para hablar del asunto y no escondió su anhelo: mandar en la institución provincial por primera vez. Se quedaron cerca los socialistas en 2019, cuando el resultado en Zamora capital elevó los números del bloque progresista y mermó los del Partido Popular, que tuvo que apoyarse en Ciudadanos y cederle la presidencia a Francisco José Requejo para sostenerse dentro del equipo de Gobierno. Pero el panorama cambió en 2023.
Hace cuatro años, la bajada de Izquierda Unida ligada al repunte del PP en el Ayuntamiento de Zamora y a la mejoría de los populares en los pueblos alejó la posibilidad de que la izquierda mandara en la Encarnación. El reparto del que se partirá cuando toque volver a votar en 2027 dice que la formación dominante del centroderecha tiene 13 de los 25 asientos y que, además, Zamora Sí y Vox tienen uno cada uno. El PSOE está con siete e IU con tres.
El reparto
Conviene detenerse aquí para explicar, de forma somera, cómo funciona el reparto de asientos en la Diputación. Por motivos de población, la institución provincial en Zamora cuenta con un Pleno formado por 25 representantes. Estos se eligen en función del voto municipal, no de manera directa. Es decir, la papeleta que los vecinos meten en la urna para escoger al alcalde sirve también para la Diputación. Un voto a la lista del PP en Benegiles es un voto al PP para la institución provincial, por poner un ejemplo.
Lo que ocurre es que, aquí, Zamora no funciona como circunscripción única, sino que el reparto se hace por partidos judiciales. Y la provincia tiene cinco: el de Zamora, el de Benavente, el de Toro, el de Puebla de Sanabria y el de Villalpando. Cada una de estas zonas tiene un número de representantes vinculado a su población. En 2023, el de Zamora – que incluye a la capital y a muchos municipios pequeños – repartió quince; el de Benavente, cinco; el de Toro, dos; el de Puebla, dos; y el de Villalpando, uno.
Eso quiere decir que los grandes núcleos tienen mucha importancia en el reparto, pero también que la suma de los pequeños municipios marca la diferencia. Y aquí es donde la izquierda tiene un problema. En 2019, cuando Izquierda Unida y el PSOE lograron sumar 17 de los 25 concejales en la capital de la provincia, solo fueron capaces de llegar a doce diputados entre los dos, los mismos que obtuvo el PP en solitario. Los populares dominan en el medio rural, como ya quedó claro también en los comicios autonómicos de este mes de marzo.
El PP saca rédito de esa circunstancia, sobre todo, en el partido judicial de Zamora. En el de Benavente le sirve para ganar por la mínima al PSOE (3-2); en Toro y Sanabria el reparto suele ser de 1-1; y, en Villalpando, los populares se quedaron en 2023 con el único asiento en liza de forma contundente. Lo que sucede en el territorio más grande y que más asientos reparte es que, fuera de la ciudad, no hay color.
En las elecciones de hace tres años, en el partido judicial de Zamora y dejando al margen al gran municipio, el PP logró 14.903 votos y el PSOE 7.523. Básicamente, el doble para los populares. Sumando a la capital de la provincia, el resultado fue de 23.309 a 11.395. Es cierto que los socialistas tienen margen para crecer en la ciudad, pero también que se antoja difícil pensar en un escenario en el que su repunte no signifique también una caída de Izquierda Unida. Sacar 17 de 25 entre los dos parece hoy un objetivo lejano.
La diferencia de alcaldías
Por tanto, a pesar de que el responsable autonómico de Política Municipal del PSOE, Fran Díaz, puso el foco este viernes en el resultado de los grandes municipios como llave del gobierno de la Diputación, la realidad es que la izquierda necesita mejorar en los pueblos si quiere aspirar de verdad a arrebatarle el mando al Partido Popular. Suena lógico que sea el PP quien gobierna ahora cuando se constata que la formación de centroderecha tiene 165 de las 248 alcaldías del territorio y que el PSOE apenas cuenta con 43.
Esa dinámica favorece al PP, que tiene una red de candidatos y de afiliados muy tupida en todas las comarcas y que parte con ventaja para defender, el año que viene, una institución que lleva gobernando toda la vida.
