Después de subir a los niños en las andas y de subastar los brazos para cargar a la Virgen del Olmo, la romería que se celebró este domingo en Villaescusa tiene otro par de asuntos de obligado cumplimiento que resolver. El primero va con la devoción y consiste en cantarle a la patrona en el interior del templo. Es emotivo el momento, independientemente de la fe que profese quien escucha. La vecindad entona al unísono. Algunos en bajito y de lejos; otros a viva voz y bien cerca. Es el final de la parte religiosa.
El segundo de los temas va más con la tradición y la costumbre. Y con el estómago. A la salida de la iglesia, varias personas agarran unas cajas y van repartiendo rosquillas. Entre todos llevan 700. Bastante bien para un pueblo de 239 habitantes. «Antiguamente, cada uno se bajaba su rosquilla del pueblo y venía aquí a pasar el día. Se hacía el dulce en casa», recuerda Miguel Fernández, responsable de la cofradía organizadora.
Desde hace años, como eso de preparar la rosquilla ya le queda grande a mucha gente, es el Ayuntamiento quien encarga el producto. Y el hombre que recibe la encomienda es Emilio Pérez, el pastelero de Fuentelapeña. «Hacemos 35 kilos y salen a 20 por kilo», calcula rápidamente el repostero. Salen las cuentas. «Este es un dulce que no pesa nada, pero todos estos no se hacen ni en una tarde ni en dos», advierte el profesional de La Guareña.

Sí en tres. Eso es lo que le lleva la faena a Emilio, que aclara que el proceso exige mucha mano y poca máquina. «Hasta el agujerito hay que hacerlo con el dedo», remarca el pastelero, que habla de la cocción, de la forma de untarlas, del secado y de cada parte de un proceso que luego repiten, más que duplicado, para los encargos del Cristo de Morales. Eso, más lo ordinario, porque las rosquillas se venden en tiendas de Zamora, Salamanca y Valladolid.
Emilio presume de la calidad de las suyas, del sabor y de la textura. Ha tenido tiempo para perfeccionar la técnica. El pastelero ya cumplió 62 y arrancó en el negocio cuando todavía era un niño, «a los diez o a los doce». Medio siglo ya, tiempo para haberlas visto de todos los colores. Incluso para ver el cambio de cara de romerías como esta de Villaescusa en la que antaño se juntaban todas las Vírgenes de la zona. No en vano, la del Olmo no es solo la patrona de Villaescusa, también lo es de toda la comarca.
Sabedores de esa tradición, los miembros de la cofradía, encabezados por Miguel Fernández, aspiran a que ese viaje desde los pueblos de la contorna hasta la ermita se recupere para la romería de 2027. «Vamos a ver si lo conseguimos», desliza el vecino de Villaescusa mientras sigue repartiendo las rosquillas. Eso del tentempié, en principio, se mantendrá intacto, aunque si viene tanta visita quizá Emilio tenga que echar más de tres tardes.

