Domingo de resaca en Manzanal del Barco. Las tardes y las noches posteriores a la víspera de San Isidro han sido de toros y verbena en este pueblo que es el principio o el final de la Tierra de Alba. Según se mire. Pasadas las doce y cuarto de la mañana, el silencio se impone en la carretera y en las calles largas y cortas que se enredan por el centro de la localidad. Pero ya es hora de despertar y apurar lo poquito que queda de fiestas. Ahí suena un poco de reggaeton. ¿Muy pronto? Anda que no hay lunes para descansar.
El sonido conduce a la gente hacia la plaza, hacia la arena que ha sido el ruedo para los toros y para las vaquillas, y que este domingo es el escenario del primer mercado artesanal que organiza el pueblo en sus fiestas. Al pie, el vermú del bar. Más cerca aún, los hinchables para los muchachos. Hay para todos en esta mañana dominical en la que todavía se desentierra algún vaso al posar los pies en el tablero de la juerga.

Pero ya se despereza Manzanal para otra ronda. Más tranquila esta. Primero, para los mayores, que van asomando en este mercado con un buen puñado de puestos. «Está todo hecho artesano», advierte un tipo que vende piezas tejidas a mano. Cerca, las mujeres de la asociación cultural Las Flores, de Manganeses de la Lampreana, ofrecen «diseños únicos, naturales». También se pueden adquirir la decoración con tejas de los artistas de Arquillinos o las almendras y las pipas que trae una mujer con tantos montones que no da pie en su stand.
Entre toda esa oferta aparece Laura Álvarez. Con silla rosa, mantel verde y muchas velas. La mujer viene de Villarrín de Campos, de la mano de su marca, llamada Madre Cera: «Traemos velas de cera de soja, ambientadores para los armarios y wax melts», explica la artesana. Esto último, por entendernos, son piezas perfumadas de cera de soja. «Derretimos la cera, esperamos a que llegue al punto para echarle el aroma y lo servimos en tarros o en moldes», aclara la mujer.
Álvarez vende aquí y allá. Aquí es en mercados como este de Manzanal; allá, en las redes sociales. Lo de siempre y lo nuevo. «Tenemos una tienda online para hacer envíos a toda la península», indica la artesana, que escogió Manzanal este domingo por su apego a lo rural, «a ir por los pueblos». Gota a gota es como se construyen proyectos como este, obligados a competir con las grandes cadenas. El contexto exige especialización y saber venderse.
Los pueblos
«Intentamos convencer de que lo artesanal tiene más calidad y es mejor», sostiene Álvarez, que recalca que Madre Cera da «la cercanía que una cadena grande no puede tener». «Yo explico cómo lo hago todo. Tanto en las redes como en persona. Creo que eso en los pueblos se valora más», zanja la mujer de Villarrín antes de que un par de jóvenes lleguen a preguntarle por sus productos. Ya se despereza Manzanal del Barco. Pero, si alguien va tarde, le queda hasta última hora para pasarse por el mercado.

