Si uno asoma la cabeza hacia la primera sala del Centro de Interpretación de la Miel de Sagallos, y mira a la izquierda, se topa con un mosaico de folios decorados con dibujos infantiles. También, con mensajes de los niños: «Sin ellas no podríamos sobrevivir». «Gracias a ellas tenemos frutos». «Nos dan propóleo y jalea real para estar más sanos y fuertes». Hablan de las abejas, claro. Alguno prefiere estampar solo la figura del insecto, sin más explicaciones. O su firma: «Alejandro». El caso es dejar constancia de que uno ha pasado por allí.
Sí, por Sagallos. Sí, por un museo. En este pueblo de 55 vecinos también hay. De hecho, en la Zamora rural existen decenas de pequeños lugares donde ir a conocer el patrimonio de cada rincón. Hablamos de espacios etnográficos. U orientados a una fiesta en particular. O a una costumbre concreta. Hay varios de mascaradas (Sanzoles, Vigo, Riofrío…), pero también el del barro en Pereruela, el del vino y el aceite en Fermoselle, el micológico en Rabanales o el de los gigantes en Puebla.

En el Día de los Museos, cada espacio reivindica lo suyo. Los más grandes organizan actividades para llamar la atención del público. En los más humildes, lo primero es recordar que están allí. Eso hace, desde Sagallos, Alicia Iglesias, la mujer que ejerce como guía de este espacio dedicado a la miel e inaugurado hace diez años. La apertura de este lugar, en un edificio moderno y con varias salas, es el resultado de la existencia de una cultura apícola muy arraigada en la zona. Algo de pasado y de presente. Presumiblemente también de futuro.
La propia técnico remarca que, en el pueblo, hay al menos cinco apicultores activos. Más los que ejercen en las localidades de la contorna. Por eso, el centro se enclava aquí, donde la actividad palpita. Lo cierto es que la miel en particular se ha convertido en uno de los productos al alza en esta tierra. Lo dicen el número de profesionales dedicados a la tarea, la organización de una feria como Meliza en Zamora o la creación de una marca de la provincia para comercializar el producto.
Eso debería reforzar el sentido de este centro de interpretación que enseña Alicia Iglesias y que está formado por paneles con información, donaciones que permiten ver y tocar las piezas y los elementos clave del oficio, y varios espacios para comprender el complejo mundo de las abejas: «Lo que más le interesa a la gente es su anatomía», arranca la guía, que habla de la danza de los insectos, de la comunicación, del «GPS» que llevan incorporado y de su morfología propia y la de la colmena.
«La idea es contar cosas generales para que esto sea algo sencillo y accesible. También con un poco de humor», aclara Iglesias, que busca que el visitante se quede con una idea global de lo que son el centro y el mundo de la miel, y con algún detalle particular que le ayude a recordar. Iglesias avanza por las salas para mostrar los trajes de apicultor de antaño y de ahora, los tipos de colmena, la vida de la obrera y de la reina o los potenciales enemigos del insecto en su día a día allá en el mundo.
La visita incluye datos y aspectos ligados a la tradición apícola de la zona. También aborda las propiedades de la miel (recuerden al niño que habló del propóleo y la jalea real) y recalca que, en el propio pueblo, hay un lagar y un hombre que se dedica a vender la cera. Todo eso está bien, pero probar es probar. Por eso hay una sala de catas donde distinguir las variedades de la miel y entender los tipos de polen; de qué flores viene cada cual.
En esa sala, destaca un mapa de la provincia bastante curioso, con las zonas apícolas marcadas por colores en función del tipo de vegetación que predomina. En la parte noroeste, un amplio tono morado indica el dominio del brezal, aunque las notas azuladas en algunos municipios evidencian la existencia mayoritaria de melojares. Más hacia el centro y hacia el sur, el jaral emerge como la planta con mayor presencia.

Las visitas
Todo eso lo pueden ver los visitantes. Durante el invierno, con visitas concertadas por email o por whatsapp. A partir de junio, los sábados y domingos de 11.00 a 14.00; y en julio y agosto, de jueves a domingo, de 11.00 a 14.00 y de 16.00 a 20.00. En septiembre y en octubre se vuelve a las franjas de junio y, a partir de ahí, vuelve a quedar solamente la opción de agendar para grupos.
Alicia Iglesias explica que el público es variado, pero básicamente viene ligado a la gente vinculada a la zona o a sus amistades, a los visitantes más especializados o a las personas que llegan con autocaravana a la zona de Manzanal de Arriba. La guía cree que hay margen para seguir promocionando el centro y que el turismo de Sanabria, de Villardeciervos o incluso de la zona de Portugal acabe desembocando también aquí.
De vuelta a los dibujos de los niños que hay en la primera sala, otro de los carteles infantiles destaca que «las abejas de Sagallos, en Zamora, son insectos muy trabajadores». Como las personas que empujan este tipo de lugares en los sitios pequeños. Para mostrar lo suyo. Para contar lo que siempre se hizo o lo que tuvo la zona toda la vida allá donde sus mayores se lo enseñaron.
