Barcelona, año 2017. Jorge Corral trabaja como jefe de obra en una multinacional. Su pareja ejerce como administrativa en otra empresa. Los dos proceden de Aliste y tienen en mente un cambio de vida. El destino es la tierra, el hogar de la familia: Fonfría. Pero hay que ganarse el pan, claro. Y eso pasa por «emprender en el medio rural». Cinco palabras fáciles de pronunciar. Ponerlas en práctica es otra cosa. «Vimos varias alternativas de negocio y al final nos decantamos», cuenta el protagonista nueve años después. Estos dos retornados eligieron los caracoles.
Jorge Corral lo explica todo desde la parcela que ahora es su granja de helicicultura a cielo abierto. «Aquí habrá ahora tres millones y medio de caracoles», revela el profesional, mientras la lluvia que antes amenazaba empieza ya a empapar la tierra situada a las afueras de Fonfría. «El agua es buena», celebra el responsable de un negocio que se ha ido haciendo fuerte en Aliste. Su pareja y él empezaron con esto en el citado 2017. Ahora se han sumado otros tres vecinos, cada cual por su cuenta. Aunque en la comercialización van de la mano. El año pasado vendieron treinta toneladas de estos moluscos. Y quieren más.

El proyecto se desarrolla bajo la marca Caracoles de Aliste, y ha encontrado un filón para tratar de llegar más lejos. Con los cinco helicicultores activos, Fonfría se ha convertido en el municipio de España con más granjas de caracoles por habitante. Esa particularidad ayuda a la difusión de la iniciativa empresarial, pero también muestra una realidad: «Estamos en un clima idóneo para el desarrollo y el crecimiento» de estos animales, apunta Corral. «En poco espacio se le puede sacar mucho rendimiento», apostilla.
No en vano, el lugar donde ahora se ocultan los tres millones y medio de caracoles ya citados se ve entero de un vistazo. Las dos zonas activas de la granja ocupan 7.000 metros cuadrados. Si se añade la tercera, el espacio cubre una hectárea. Nada que ver con lo que se precisa para otros negocios ganaderos o agrícolas. La helicicultura tiene sus propias normas. Y también sus propios canales de venta. El grueso, para la hostelería.
En sus inicios, a Jorge Corral le ayudó el hecho de tener contactos entre la restauración catalana. Allí, los caracoles son fijos en la carta de bastantes negocios. El 90% de los moluscos que salen de Fonfría tiene ese destino en los fogones. «Los mandamos vivos para que se cocinen allí, como el marisco. De hecho, a los caracoles los llaman el marisco de la tierra», advierte el profesional. El porcentaje restante que queda por despachar se cuece, se envasa y se comercializa.

A grandes rasgos, así se monetiza esta faena facilitada por «la humedad» de la zona y por el clima que genera la presencia de «Arribes a un lado y la Sierra de la Culebra al otro». Por si acaso, la granja dispone de un sistema de riego para simular las condiciones de lluvia, pero aquí es menos necesario que en otras zonas. Y eso ahorra costes. Por eso viene bien el agua de este viernes, que llega, además, en la época clave del crecimiento de los caracoles: entre marzo y junio.
En este tiempo, los caracoles consumen un pienso «sin aditivos» que las granjas reciben de Cobadu. Lo comen cuando cae el sol. Por el día se ocultan bajo los paneles colocados en la tierra porque son muy sensibles a la claridad. En unos cuatro meses están listos para la venta. Algunos se despachan directamente. Otros van a las cámaras para poder proveer a los clientes durante «todas las semanas del año».
La feria del 6 de junio
De 2017 a 2026, el negocio de los caracoles ha pasado de ser la aventura de dos personas que volvieron de Barcelona al sustento de cinco vecinos que piensan en llegar a las 40 o 50 toneladas anuales «en dos o tres años». Y desde esa lógica de la ambición por crecer se entiende la organización de la feria sobre este producto que acogerá Fonfría el próximo 6 de junio: «Queremos que sea algo gastronómico y para darnos a conocer», apunta Corral.
Por eso habrá productos de la tierra más allá del caracol, visitas guiadas por las granjas y demostraciones relacionadas con el manejo de estos moluscos que se van abriendo paso como otra forma de ganarse el pan en una comarca que tantos y tantos abandonaron y que ahora va abriendo las puertas para que algunos de sus hijos regresen.

