Sobre una mesa baja, al aire libre, lucen hogazas de todo el territorio de Aliste. Las han traído los panaderos de la comarca, como ejemplares de concurso. Casi todas son de gran tamaño, porque tiene que haber cantidad para probar en este certamen que aspira a decidir cuál de ellas es la mejor. Quizá no para acabar con el debate – misión compleja – pero sí para que la gente que ha venido a Mellanes juzgue, elija y dé el veredicto de las decenas de personas que se reúnen en la era del pueblo en este día de tiempo zozobrante del mes de mayo.
La cata formal se hace sin acompañamiento. El pan y punto. Pero, para probar la corteza y la miga en condiciones, también están la mermelada, la miel y el chorizo. Todo de la zona. Al final, aunque casi acaba siendo lo de menos, el que gana es el Pan de Morán, de Alcañices. El vencedor recibirá un detalle cortesía de un pueblo pequeño donde las cosas se mueven. El concurso se enmarca en la fiesta del Día de la Molienda, un evento ya de por sí de grandes dimensiones para una localidad de 32 vecinos habituales y 40 censados. Pero no es lo único en Mellanes.

En este anejo de Rabanales hay vecinos que quieren empujar. Algunos están entre la treintena de continuos; otros vienen habitualmente desde Zamora y otros lugares porque tienen a los padres o el arraigo por aquí. Cuatro de ellos acaban de montar la Asociación Cultural El Molino de Mellanes. «Somos Jose, Raquel de tesorera, Begoña de secretaria y yo», enumera la presidenta, que se llama Conchi Cruz y que tiene ante sí, como sus compañeros, el reto de arrancar con esto de cero.
«Estamos empezando», constata la mujer, que es de las que combina la vida en Zamora con la del pueblo. «Queremos hacer cosas como las del Día de la Molienda, retomar antiguas usanzas, organizar fiestas antiguas y tirar por el pueblo», resume Conchi, que añade también algunos movimientos para pedir ayuda a las administraciones. Empezando por la de Rabanales, la más cercana. El colectivo quiere contar con un mirador al molino y a su entorno.
Pero las propuestas concretas son lo de menos. «Queremos que esto siga adelante, que se puedan hacer cosas muchos años», abunda Conchi, consciente de la realidad demográfica de Mellanes y de su tendencia. El censo dice que son 40 en la localidad, pero es que eran 88 hace 25 años. Además, ahora ya no hay niños y 26 de los 40 que residen allí según el Instituto Nacional de Estadística – aunque en realidad son menos – ya rebasan los 65 años.
Talleres de memoria
Con este panorama, no se trata solo de hacer eventos dinamizadores como el del Día de la Molienda, también de buscar cursos y talleres para los mayores, según remarca Conchi, que cita, por ejemplo, la posibilidad de encontrar una formación sobre memoria a través de la asociación. «A ver si podemos encontrar algo, porque estamos partiendo de cero en todos los sentidos», recuerda la mujer.
El verano quizá sea un buen momento para que la Asociación Cultural El Molino de Mellanes reciba un empujón en forma de más socios o de más gente implicada. «En torno al 25 de julio, cuando son las fiestas, a lo mejor llegamos a 200 personas aquí», asevera Conchi Cruz. La vinculación de los que siguen yendo al pueblo será clave para sostener las actividades que aspira a desarrollar el colectivo.
