Tomás Sánchez Santiago ya tiene el Premio Castilla y León de las Letras. El autor zamorano, nacido en 1957, ha sido el encargado, además, de dar el discurso en nombre de todos los galardonados en una cita que ha servido para reconocer a los mejores del año 2025 en la comunidad. «Uno nunca acierta a saber por qué se le da un premio», ha arrancado el poeta y novelista, que ha indicado que «es como si a un niño, sin previo aviso, se le diera un regalo inesperado incluso después de haber cometido una travesura».
Esta vez, la travesura ha sido la de «pensar, imaginar o dedicar un pedazo de la vida» a mejorar la comunidad, como ha constatado Sánchez Santiago, que ha citado a sus compañeros premiados y que ha mencionado igualmente al poeta latino Marcial para constatar que «solo lo que hayas dado, eso será lo que al fin tengas».
A partir de ahí, el autor ha hablado por cuenta propia para citar a algunas de las personas que, bajo su óptica, tendrían que haber recibido el premio, pero «se fueron casi sin avisar»: Aníbal Núñez, José Miguel Ullán, Gaspar Moisés Gómez, Marcelino García Velasco, Enriqueta Antolín, José Manuel de la Huerga, Luis Javier Moreno, José Diego, Avelino Hernández, Tomás Salvador, David González y José Antonio Abella.
«Todos ellos amaban a esta tierra y amaban el peso de las palabras de nuestra lengua castellana», ha destacado Sánchez Santiago, que ha advertido que «estos premios no son, no pueden ser, meros actos decorativos». «Ahora creo que debo hablar, que tengo que decir algo en nombre de los poetas, esos y esas que apenas son escuchados fuera de la tribu porque su oficio no está en el mercado ni en los escaparates ni en los enormes titulares de los medios de comunicación», ha insistido el autor.
«Y es que la poesía, ¿saben ustedes?, es el mayor espacio que conozco de responsabilidad y de resistencia. Y el poeta es quien se esfuerza por limpiar de nuevo las palabras de todos, para devolverlas a la vida una vez lavadas. Palabras que nunca se terminan de decir del todo porque siempre acaban por ser atropelladas por el ímpetu de la Historia», ha continuado el zamorano, que ha demandado que la sociedad escuche a los poetas.
«Si hay que abrir una puerta a la esperanza, no les quepa duda a quienes deban saberlo de que esa ha de ser la puerta de la cultura. Por eso, aquí y ahora, yo pido que se cuide de la cultura, de la verdadera cultura, también en nuestra querida tierra que nos ha honrado a todos con esta consideración. Porque es a través de la cultura en cualquiera de sus manifestaciones donde se ha de mantener encendida la luz necesaria de eso específico nuestro que llamamos lo humano», ha defendido Sánchez Santiago.
Elogio de lo diverso
«Las exclusiones, el miedo al otro por ser distinto, la exaltación ciega de lo propio por encima de lo demás, el menosprecio al pensamiento, la imposición de la ignorancia interesada…, todas esas amenazas parecen regresar de nuevo a nuestra civilización en una exacerbación general. Y la cultura no puede esconder el rostro ante ese panorama. Estamos en Castilla y León, tierra que históricamente siempre acogió a los que llegaban de afuera. Aquí hizo su obra fray Luis de León, perseguido y encarcelado injustamente por su ascendencia judía. Aquí se enmarca el Lazarillo de Tormes, otro desposeído. Y Beatriz Galindo, que desafió con la exposición pública de su saber el estado de sumisión de la mujer. Y Unamuno. Y Agustín García Calvo. La capacidad crítica, y hasta heterodoxa, de todos ellos viene a recordarnos que nuestra identidad va más allá de un origen, de una clase social, de un apellido. Es por lo que querría volver a pedir eso: cuidemos extremadamente de la cultura», ha subrayado el poeta.
Como ha apuntado Sánchez Santiago, los creadores, de cualquier signo que sean, «solo entienden su quehacer desde la libertad sin coacciones». «Ese es nuestro deseo y ese es nuestro deber», ha zanjado el autor.
