Hace calor de verano en La Guareña. Del serio. Quien haya elegido chaqueta, casi mejor que se quede en mangas de camisa. Incluso entre el verdor de la ermita de la Virgen del Olmo el sol aprieta. Lo padece el ambulante que ha ido a vender un poco de todo a la entrada del recinto. El hombre busca la sombra mientras ve desfilar a las gentes de Villaescusa, que van a honrar a la patrona. Es lo que toca hoy. Y por partida doble. El sentimiento es hacia la comarca y hacia el pueblo.
Por eso se congregan allí los vecinos de este rincón de Zamora, pegados a su tradición. Y lo que dice la liturgia es que lo primero es la misa. Se lo advierte una madre a un niño llamado Alonso: «En la iglesia hay que estar callado». Cuesta convencer a la tropa cuando lo que se escucha de fondo es una charanga que llega para animar el cotarro. Pero lo religioso va delante. Tiempo muerto hasta que acaben los oficios: «Ya podéis echar un cigarro», les dice a los músicos un paisano.
Después de un cigarro y de dos, las gentes de Villaescusa salen del templo. Lo hacen para arropar a la Virgen del Olmo, la patrona de la localidad y de la comarca. Enseguida, las madres, los padres y los abuelos asoman con los niños. Parte del meollo de la tradición que se celebra aquí tiene que ver con colocar a los pequeños en las andas de la imagen para que el manto de la Señora de esta tierra los proteja.
Allá van todos, a colocar al suyo. Muchos de los muchachos ya repiten de otros años. Desde bien bebés, las familias sitúan a los nenes en posición para cumplir con la tradición. O con la devoción. Cada cual con lo suyo. Esto se hace de toda la vida. Más reciente es lo de la nube de teléfonos móviles en busca de inmortalizar el instante. La escena se repite varias veces en la vuelta alrededor de la ermita. Van dos niños. Y cuatro. Y seis. Y ocho. Y más de diez. Por turnos, claro. Y con el paso detenido.
La vuelta dura un ratito, lo justo para que todos queden conformes. Pero aún queda una parte especial. A la entrada, se subastan los brazos del paso. Quien ponga la cantidad más alta podrá cargar con la Virgen del Olmo la próxima vez. Las pujas se dicen en bajito, sin voces. No hacen falta estridencias. Hay respeto. Al final, los dos brazos delanteros salen por 100 y 150 euros; los dos traseros, por 50 cada uno: «Que buen provecho le haga», apunta el subastador.
Saray y Begoña
Las ganadoras son esta vez cuatro mujeres, dos de ellas primas entre sí. Sus nombres son Begoña y Saray Fernández. Y las dos han pujado por lo mismo: por pedir la recuperación de un padre y por la devoción. Se trata de rogarle a la Virgen una mediación. «Son promesas. Al final, en mi familia siempre hemos estado muy vinculadas a esto», apunta Begoña. En mayo, subirán la imagen hasta la iglesia de Villaescusa en un esfuerzo con nombres y apellidos.




