La diócesis de Zamora ha enviado este miércoles un comunicado en relación al cierre del convento de la Asunción, en la localidad de Villalobos. Cabe recordar que las últimas hermanas se marcharon de las dependencias ubicadas en medio del pueblo a comienzos de abril, lo que supuso la clausura de un recinto religioso con mucha historia detrás y muy ligado sentimentalmente al municipio.
Desde esa lógica se entiende que el Ayuntamiento remitiese hace semanas una carta a la diócesis para pedir el uso de la iglesia vinculada al convento y para tratar de mantener vivo el legado de las Clarisas en Villalobos. Ante eso, los responsables del Obispado han dejado claro que tanto la decisión del cierre como el futuro de las instalaciones son responsabilidad de la congregación, que dispone de «autonomía propia».
«No ha sido posible intervenir en el proceso de cierre, que ha sido gestionado conforme a las normas internas de la orden», han insistido desde la diócesis, al tiempo que han dejado constancia de que el obispado «ha acompañado este momento con respeto y cercanía, aunque no haya sido posible organizar una despedida diocesana como hubiera sido deseable».
Conviene recordar que el convento de la Asunción de Villalobos fue fundado en el año 1346 mediante bula del papa Clemente VI, a instancias de los señores de Villalobos, Fernando Rodríguez Osorio y su esposa Inés de la Cerda. «A lo largo de los siglos, el monasterio ha sido un referente de la vida contemplativa en la diócesis, así como un espacio de oración, silencio y presencia constante de la Iglesia en el medio rural», según la diócesis, que ha agradecido la tarea de las hermanas.
Finalmente, la diócesis ha recalcado que el edificio del convento es propiedad de la congregación, «por lo que cualquier decisión sobre su futuro corresponde exclusivamente a la misma». En lo que respecta a la celebración de la Eucaristía, el Obispado ha subrayado que la vida litúrgica de la comunidad cristiana de Villalobos continuará desarrollándose, como hasta ahora, en la iglesia parroquial. El deseo del pueblo era mover las celebraciones al templo del convento, más cómodo para los feligreses.
