«Es un verdadero despropósito que la Federación Nacional de Industrias Lácteas reclame más producción de leche y que quieran pagarla a precios aún más bajos. Eso tiene un nombre: explotación laboral». Como últimamente sucede cada año, la renovación de los contratos de los ganaderos de leche con la industria supone esta primavera un importante foco de conflicto para el sector, también en Zamora, donde las rebajas que se plantean están, en el mejor de los casos, en siete céntimos por litro y llegan, en ocasiones, a los diez. Son planteamientos que se vienen avisando, aseguran desde UPA, a lo largo de los últimos meses y que, lejos de corregirse con el incremento del precio del combustible en las últimas semanas, se han mantenido. «Si esto no cambia, habrá explotaciones que dejen de ser rentables. No se puede vender a pérdidas», apuntan fuentes del sector a este periódico.
Así, la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos (UPA) ha reclamado a las industrias lácteas y las cadenas de la distribución que operan en España que abandonen la estrategia que están llevando a cabo para hundir el precio de la leche en origen. La organización denuncia que los ganaderos están recibiendo ofertas «absurdas», que contemplan bajadas de hasta 8 céntimos por litro. Algo «sin sentido», a su juicio, pues precisamente los costes han subido en estas últimas semanas hasta siete céntimos por litro de leche en Zamora, desde el comienzo de la guerra en Irán.
David Alonso, responsable sectorial de Castilla y León de UCCL para el ganado vacuno de leche, va más allá y pide a los ganaderos «no firmar los contratos» que pone sobre la mesa la industria. La situación de las negociaciones, pasa en este sector, es complicada. La industria pone unos precios y se limita a indicar a los ganaderos que los tienen que aceptar. La baza, explica Alonso, es que los contratos actuales acaban el 1 de abril y a partir de ese día la industria no podrá recoger leche de las explotaciones ganaderas que no tengan contrato firmado. «Ellos han echado un órdago con estos precios abusivos. Nuestra única baza es no firmar y presionar con lo único que tenemos. Esperamos que, cuando se vean sin materia prima, negocien», explica el ganadero.
La rebaja ofrecida por la industria a los productores, lejos de las cifras absolutas, supone alrededor de un 20% del precio del litro de leche que se cobra ahora. Los ganaderos vienen cobrando del orden de 53 o 54 céntimos por litro cuando producir ya cuesta «más de cincuenta». Se cubren costes, en definitiva, algo que ya está comprometido por el aumento de los gastos de producción y que sería directamente inviable si se consuma la amenaza del descenso del precio de la leche. «Esto puede ser fatal para muchas explotaciones. La gente joven que haya hecho inversiones no va a poder pagarlas y la gente que esté cerca de la jubilación no va a estar sus últimos años de trabajo produciendo a beneficio de la industria. Si esto no cambia habrá vacas que irán al matadero y en otoño faltará leche en España, estamos convencidos», explica David Alonso en declaraciones a este periódico. «Cuando vendían cara la materia prima, ganaron dinero. Ahora que la venden más barata, quieren que la factura la paguemos los ganaderos. Es inasumible», explica.
Cada vez menos explotaciones
La situación del sector es delicada y se nota en las explotaciones. Pocas son las que pueden echar a andar sin estar bajo el paraguas de una cooperativa o de una gran marca. La leche de cabra va camino de convertirse en un negocio con muy pocas empresas operativas y si no se corrigen pronto los precios «y la sensación de que cada nuevo contrato es peor que el anterior, pronto empezarán a cerrar explotaciones de vacuno de leche», lamentan las agrupaciones ganaderas.
La llegada de la primavera, con los riesgos sanitarios asociados a las explotaciones que trae, el incremento de los costes de producción y un escenario de incertidumbre por los precios convierten las próximas semanas en críticas para el sector, que se juega la rentabilidad y la viabilidad futura de sus explotaciones. Uno de los indicadores más claros del deterioro del sector es la evolución del número de ganaderos con entregas de leche en Castilla y León. En apenas seis años, la comunidad ha sufrido una caída cercana al 40% de sus productores, lo que refleja un proceso de desaparición acelerado de explotaciones, según los datos proporcionados por Asaja.
«La tendencia es clara: cada año desaparecen explotaciones y el sector pierde productores activos. La estabilidad en la producción total no refleja un sector sano, sino una creciente concentración de la producción en menos explotaciones», dicen las mismas fuentes. Las explotaciones están además, como media, regentadas cada vez por ganaderos de más edad. En Zamora, tres de cada cuatro ganaderos tiene más de 45 años, una situación complicada en un sector que requiere de inversiones constantes y de un alto nivel de dedicación para mantener la producción.
«En el caso concreto del vacuno de leche, el problema es todavía más evidente. Muchas granjas continúan funcionando gracias al esfuerzo de ganaderos que llevan décadas trabajando en la actividad, pero cada vez son menos los jóvenes dispuestos a iniciar explotaciones nuevas. De hecho, en los últimos años se conocen muy pocas explotaciones iniciadas desde cero, lo que refleja que la actividad ha dejado de resultar atractiva para las nuevas generaciones», insisten desde Asaja.
Muchos ganaderos se ven obligados a producir cada vez más leche para poder amortizar las inversiones realizadas, lo que incrementa su dependencia del precio de la leche en origen. Según advierte el sector, esta situación está generando un sistema productivo extremadamente sensible a las variaciones del mercado, como se está viendo ahora con la renovación de los contratos. «Una nueva bajada de precios puede ser la puntilla definitiva para muchas granjas» de la provincia, lamentan en el sector. En Zamora hay censados algo más de 10.000 animales productivos, repartidos en más de ochenta granjas. Cifras más bajas que las registradas años antes.
