En la feria de San Vitero, los burros se exponen. La gente los ve, elogia su aspecto, se los muestra a los niños y sigue su camino hacia los puestos, el bar o el mercado. Pero el evento, uno de los señeros en la comarca de Aliste, sirve para más que eso. Se trata de una reivindicación de la utilidad de un animal que, quizá, haya ido perdiendo esas funciones de carga que tuvo antaño, pero que aún puede resolver o paliar problemas que afectan gravemente a los humanos. Por ejemplo, los relacionados con el riesgo de incendios.
Precisamente, en la feria de San Vitero, mientras la gente contemplaba a los burros en el ferial, varios expertos hablaban, en una sala contigua, del animal como recurso para la prevención de fuegos. Una de las personas encargadas de hacerlo era María Villa. Esta mujer es la coordinadora del proyecto Asinifire, el nombre que se le ha dado a la iniciativa de «Asnos en la Prevención de Incendios para la Resiliencia Ecológica».

Básicamente, este proyecto, financiado por la Fundación La Caixa y con participación de entidades de Zamora y de la parte mas cercana de Portugal, aspira a implementar prácticas que permitan la gestión de combustibles para poner en valor las razas autóctonas y dinamizar las zonas rurales transfronterizas. Todo, a través del pastoreo de burros. La iniciativa lleva un año y seguirá hasta 2028 con la intención de trazar un plan lo más preciso posible y hacer diana en lo que deben y no deben hacer los asnos en esta materia.
En la presentación ante el público, Villa remarcó la existencia de razas autóctonas de burros a ambos lados de La Raya. De un lado, la mirandesa; del otro, la zamorano-leonesa. «El riesgo de incendios y la despoblación también son factores comunes. Y uno viene ligado a otro por el abandono de las actividades agrícolas. Es un problema que se tiene que resolver porque el pasado ya fue un año catastrófico», apuntó la experta.
En paralelo, existe la constatación de que los burros «ya no hacen lo que hacían». Por eso, se antoja como una solución idónea que estos animales se puedan usar ahora para afrontar una problemática nueva. «Ellos se alimentan y limpian», abundó Villa, que subrayó que el proyecto pretende aclarar «cuál es el mejor momento para meter los burros, durante cuánto tiempo, en qué tipo de vegetación y cómo afecta su presencia» al terreno.

Para eso, se están utilizando fincas para experimentar. Hay dos en Portugal y otras dos en Zamora, ubicadas en Camarzana y en Pumarejo de Tera. La idea es enmarcar el proyecto en la reserva de la biosfera Meseta Ibérica, por lo que agrupaciones como Zasnet están metidas en la iniciativa. ¿Ahora, la limpieza de los anillos en los pueblos se hace con máquinas. ¿Por qué no con burros?», se preguntó María Villa.
La monitorización
Lo que están haciendo los responsables del proyecto en esta fase es dejar a los burros «cuatro, cinco o seis semanas en una determinada zona, monitorizarlo todo y ver cómo es el efecto». Villa indicó que no solo se trata de lo que comen, sino también de lo que pisan los asnos, que quizá no deben situarse en determinados lugares más arbolados, donde «mordisquean los troncos». En cuanto al resto, «no parece que tengan un efecto devastador».
En realidad todo consiste en que reduzcan «el combustible vegetal» cerca de las localidades, que es donde son más útiles. Para la zona más de monte existe la creencia de que las ovejas o las cabras pueden resultar más eficaces. «Por lo que ya hemos visto gracias a los collares GPS, sabemos que los burros pueden hacer entre trece y catorce kilómetros al día en espacios de entre dos y cuatro hectáreas. Ahora, tenemos que examinar en qué momentos del día», remachó Villa, que aparte de ser la coordinadora del proyecto es bióloga e investigadora del Instituto Politécnico de Bragança.
