El trabajo de investigación desarrollado por la Diócesis de Zamora y en concreto por Jaime Gallego, historiador de la Fundación Zamorarte, ha permitido crear una base documental para rastrear piezas de patrimonio robadas en las iglesias y dependencias eclesiásticas de los pueblos de Zamora durante las últimas décadas. Y es que, desde 1976 y según las investigaciones realizadas, de las iglesias de la provincia han desaparecido un total de 355 piezas, la gran mayoría en las décadas entre los años setenta y los noventa. Así, solo entre 1976 y 1980 se constató el robo de 86 piezas en diez localidades, a las que hay que sumar 77 en los ochenta y otras 86 en los noventa, en trece pueblos. Entre todas las pérdidas destacan las tablas de Arcenillas, así como esculturas, pinturas y alguna cruz procesional de especial valor.
De las 170 localidades que conforman la Diócesis de Zamora, se han producido robos en al menos 39, lo que supone casi una de cada cuatro localidades. El pueblo que más patrimonio tiene en paradero desconocido es Barcial del Barco, donde un robo se tradujo en la pérdida de 46 piezas. En Castroverde de Campos se ha documentado el hurto de 40 bienes patrimoniales. Por encima de las treinta piezas están también Toro, Losacio de Alba y Villaseco del Pan. Por comarcas, la más afectada es Tierra del Pan, con 70 piezas desaparecidas en once robos. Y, por tipo, han desaparecido sobre todo piezas de orfebrería (199 que se sepa), muy complicadas de identificar por la escasa documentación existente y porque la mayoría de las veces estas piezas se funden para vender el metal al peso. También se ha constatado el robo de 110 esculturas y 30 pinturas, además de diez piezas textiles.

Lo que la Diócesis y Zamorarte tratan de hacer con este proyecto es recordar la existencia de las piezas robadas y ayudar, en la medida de lo posible, a una recuperación de las mismas. Una tarea complicada, como han reconocido el propio Jaime Gallego y Juan Carlos López, de la Diócesis de Zamora, pues se trata en la mayoría de las ocasiones de robos que han prescrito. Con todo, lo que sí se ha conseguido es crear una base documental, abierta al público a través de la web de la propia Diócesis, que sirva para identificar los bienes desaparecidos. «La creación de esta base documental permite ordenar, conservar y difundir datos relevantes sobre piezas desparecidas de parroquias, ermitas y otros espacios eclesiales del territorio diocesano, reforzando así el compromiso con la protección del patrimonio cultural», apunta López.
Uno de los elementos más novedosos del proyecto es la incorporación de la inteligencia artificial aplicada al reconocimiento visual. El equipo responsable, ayudándose de fotografías de las piezas robadas, trabaja en comparar las imágenes con registros visuales disponibles en Internet con el objetivo de detectar posibles coincidencias y abrir nuevas vías de investigación. Una cuestión especialmente útil para obras que hayan podido aparecer en catálogos, portales digitales, publicaciones especializadas u otros espacios de acceso público.
Además, la Diócesis hace una llamada a la colaboración ciudadana. Se da por hecho que algunas de las piezas que se tiene por robadas en realidad no han sido sustraídas, pues en muchos pueblos existía, y existe, la costumbre de guardar en casa piezas de valor de las iglesias o ermitas para, precisamente, evitar que caigan en manos ajenas. Piezas que han podido ser olvidadas. Evidentemente, la Diócesis pide a los ciudadanos que comuniquen si tienen constancia del paradero de alguna de las piezas inventariadas, así como que aporten imágenes para hacer posible la identificación de otras cuyo respaldo gráfico no existe aún.
