Murmuraba ya la grada, con el Osasuna Promesas en las barbas del Zamora CF, cuando apareció él. La jugada había ido por los derroteros comunes. Luismi cortó el enésimo balón del día, Carlos Ramos puso el pie derecho al servicio de la causa para lanzar a los atacantes y Losada recibió un zarpazo del defensa en su carrera en pos de la pelota. Y ahí, con el balón para quien lo pretendiera tras el choque, salió un hombre como de la nada, en carrera, imparable hacia la portería. El delantero. Solo. Gol.
Javier Carbonell, 29 años. La ultima vez que marcó tenía 28. Habían pasado casi tres meses de aquella tarde de viernes en Balaídos, el día de su doblete. Desde entonces, sequía. Hasta esta tarde. Pasaron días anodinos y otros directamente negros. Pasó por delante Losada, que es el nueve de este equipo. Pasaron balones rozando la bota. Pasaron miradas desde el público. Pero la vida del delantero es así. Cuando haces una diana como esta, todo cambia.
Y todo cambió con ese disparo cruzado de Carbonell a la red. Para él y para el Zamora. Del bajón eterno en los días que tocaba dar el golpe en la mesa a la euforia de este domingo en el que la cuarta plaza se asienta y el objetivo se siente próximo. Con el séptimo clasificado a más de un partido de distancia y a solo cinco jornadas para el final, los rojiblancos encaran el cierre del campeonato posicionados para acabar donde pretendían. A pesar de todo.
Y eso que el guion apuntaba a desgracia. El Zamora sometió en la primera parte a un rival casi condenado. Con tres en el medio más Márquez, los rojiblancos controlaron, llegaron y pudieron rematar. Pero erraron. Faltó finura. Y luego llegó la asfixia. Roto el trivote y con Mario García sentado, el equipo se descosió. Pudieron castigar los navarros, pero carecieron de colmillo. Parecía empate, pero llegó el momento de Carbonell.
La importancia de ese disparo la revelan las escenas posteriores: jugadores en el suelo, el banquillo a la carrera y el sprint de Fermín hacia la otra portería. Luego, terminado el partido, la piña del equipo ante el fondo sur. Con Marcelo, con Farrell. Con todos. También con Carbonell, que parecía que no estaba, pero que levantó la mano. Si ahora se engancha, habrá valido la pena. Los delanteros que aparecen en primavera son los más rentables.
