
En este último año de mandato, junto a las grandes obras que continuarán potenciando el proceso de transformación de nuestra ciudad, las inversiones a desarrollar en materia de parques, jardines y fuentes ornamentales van a tener un papel relevante dentro de las políticas públicas a continuar desarrollando por parte del Ayuntamiento.
En materia de proyectos de jardinería, la habilitación de una nueva partida presupuestaria de 500.000 euros en la sesión plenaria de febrero constituye la expresión tangible de una voluntad política sostenida en el tiempo. Se trata de perseverar en una línea de trabajo iniciada en los últimos años: la recuperación de parcelas municipales de Dotación Comunitaria en desuso para su conversión en espacios de convivencia vecinal. Esta estrategia nos remite a una concepción comunitaria del espacio público, donde el vacío urbano existente se transforma en espacios ajardinados, con arbolado, infraestructura estancial y, en última instancia, decenas de vecinos como usuarios.
La plantación de arbolado y especies arbustivas -de forma progresiva, controlada y de forma racionalmente planificada- permite, por otro lado, incrementar la masa forestal urbana, generando espacios de sombra que actuarán en los próximos años de crecimiento como auténticos refugios climáticos frente a las altas temperaturas estivales. En este sentido, la ciudad no solo se adorna: se adapta. Estética y funcionalidad caminan de la mano en este tipo de intervenciones.
Los ejemplos ejecutados durante el mandato ilustran con claridad esta orientación. Desde las nuevas grandes zonas estanciales de La Lobata, la Ermita de Peña de Francia o el mirador a Valorio en la calle Pericuto, hasta la creación de nuevos jardines en Amor de Dios, Poeta Waldo Santos o Los Almendros, se dibuja una red ampliada de espacios verdes concebidos para la pausa, la relajación y la convivencia vecinal. A ello se suma el acondicionamiento de otros espacios existentes, así como los procesos de forestación en zonas como el sector Lobata-Vistillas de Valorio o el antiguo vertedero del Cristo de Valderrey, donde la ciudad está viviendo sendas ampliaciones de su pulmón urbano.
Los proyectos que presentaremos en las próximas semanas -la renovación de los parterres de Peña Trevinca, la segunda fase de forestación en dicho sector Lobata-Vistillas de Valorio o la creación de un bosquete con huertos comunitarios en Pinilla- no hacen sino profundizar en esta lógica de continuidad, dentro de una línea de trabajo coherente.
En paralelo, la política de renovación de los parques infantiles pone de manifiesto la necesidad de aunar transformación y participación. La planificada remodelación integral de una decena de parques en lo que resta del actual mandato, unida a la implementación de los consolidados talleres participativos “Soñando Parques” con asociaciones vecinales y centros educativos, introduce un elemento esencial: la co-creación en base a la participación ciudadana.
Las actuaciones ejecutadas en lo que va de mandato -en Las Viñas, Amor de Dios, La Encomienda, Siglo XXI o la creación del nuevo parque de La Alberca- evidencian un esfuerzo por dignificar y actualizar estos espacios, dotándolos de una infraestructura completamente renovada.
Los futuros proyectos -desde el ya adjudicado para la renovación del parque de José Regojo o los proyectos en redacción de La Marina o Valorio, hasta actuaciones en calle Cantón, San Blas o la creación de un nuevo parque en Rabiche, entre otros- consolidan esta apuesta por una ciudad que debe necesariamente contar con la participación de los niños en el diseño de sus espacios de recreo y socialización, fomentando el espíritu participativo, democrático y de respeto para con el espacio público.
Por último, hay que tener presentes los futuros proyectos para la renovación de las fuentes ornamentales. La puesta en funcionamiento de las fuentes de San Ildefonso, La Marina, Los Remedios o el Miliario de Coomonte, junto con la creación del estanque del Sillón de la Reina, ha permitido reactivar espacios que habían quedado relegados al olvido.
Las próximas intervenciones -en el estanque de La Marina, la fuente de San Martín o en la existente en los jardines de Eduardo Barrón, entre otras-, con la renovación de vasos, la incorporación de iluminación LED programable y nuevos juegos de agua, no solo modernizarán estas infraestructuras, sino que las resignificarán como lugares de estancia y disfrute colectivo.
En definitiva: lo que se está configurando en Zamora no es únicamente una sucesión de obras de transformación, sino un modelo de ciudad claramente definido. Un modelo que, frente a otras lógicas urbanas despersonalizadoras, apuesta por lo cercano, lo habitable y lo humano. Una ciudad donde continuar apostando por mejores espacios y servicios públicos que sirvan como elementos cohesionadores de la convivencia vecinal.
