
Hace unas semanas me contaba David Refoyo durante la presentación de su nuevo poemario que su hija tuvo unos meses de vida en los que solo cogía el sueño en brazos con los progenitores desfilando por casa al son de marchas procesionales de Semana Santa. Me reí, asentí cómplice. La presentación fue en Salamanca: el resto de gente nos miró como si fuéramos idiotas. Ayer en la Madrugada subíamos a la carrera por Sagasta formando la fila izquierda de la procesión cuando arrancó la marcha fúnebre de Thalberg detrás de la Desnudez y pensé en David. Pensé en él porque comenzó un bamboleo entre los hermanos y el público, comenzó una vibración escondida de año en año que los zamoranos solo nos permitimos exteriorizar en esas horas. El resto del año guardamos Thalberg en la despensa, lo reservamos como el mejor componente de la panacea y lo sacamos de Spotify para alguna tarde apretada en otoño, para ir calentando tras el Miércoles de Ceniza, para dormir a la niña en ese momento oscuro y silencioso de la madrugada llamado conticinio y que en nada se parece a la otra Madrugada donde Thalberg resuena por San Torcuato. Siguiendo el orden natural de las cosas amaneció en las Tres Cruces y el sol abrió las ventanas. Desde la fila se ve mejor el mundo. Las terrazas de la Amargura son un bosque verde con familias sacando el desayuno. Pensé que si solo pudiera tener un superpoder querría que fuera el don de la ubicuidad. Querría estar en la cesta de los clavos del niño de la Caída bailando por la Marina y al tiempo querría estar en uno de esos balcones con la procesión a vista de pájaro. Querría estar en la acera recogiendo almendras mientras sujeto las barras de pan para sopas de ajo o torrijas y querría ser el portugués que interpreta Perdónalos con una tuba de metal negro mientras piensa están locos estos zamoranos. Descendido del ensueño, volvió a sonar Thalberg cerca de la Plaza Mayor y caminé un poco al compás, bien despierto y sin desear estar en otro lugar ni otro momento que en ese. Intenté guardar un poco del ingrediente para tener en la despensa porque un año entero es muy largo y tal vez lleguen otros conticinios en los que no me duerma.
