«No estamos en contra de las energías renovables, pero no pueden implantarse a costa de todo». Un grupo de vecinos de Palacios del Pan ha comenzado una recogida de firmas contra un proyecto, uno más, el enésimo, de energías renovables en la provincia. El proyecto en cuestión recoge la posible instalación de siete molinos de viento de grandes proporciones, de hasta 112 metros de altura de buge y un diámetro de pala de más de 170 metros, lo que eleva el total cuando la pala está en lo alto a casi 190 metros desde el suelo. Y se encuentra, asegura Alba González, que ha comenzado una recogida de firmas en Palacios del Pan y en pueblos del entorno, en tierras la labor «fértiles», utilizadas en la actualidad y que se quedarán «inservibles» si el proyecto sale adelante.
Sin embargo, la cuestión que más preocupa en la zona es la cercanía de los molinos a las casas. El propio proyecto reconoce una cercanía que, si bien (posiblemente) no medida desde los propios generadores, si bordea la legalidad. El documento asegura textualmente que «los núcleos urbanos más cercanos a la zona de aerogeneradores, Andavías y Palacios del Pan, se encuentran a 0,6 y 0,8 kilómetros respectivamente». Valdeperdices está a 900 metros. La cuestión es que la legislación prohibe a las empresas de renovables instalar molinos de viento en lugares que se encuentren a menos de mil metros del suelo urbano, algo que, de acuerdo con el informe de impacto ambiental de este proyecto, se estaría incumpliendo. La afectación al paisaje, reconoce también la empresa, sería «media-alta», pues las dimensiones de los molinos «y el hecho de que estén en zonas ligeramente elevadas hacen que sean visibles a distancias considerables en varios núcleos urbanos» y desde varias carreteras del entorno.
Algo inadmisible para muchos vecinos. Alba González asegura que, de salir adelante el parque, «se llevará por delante lo único que nos queda, la naturaleza, el paisaje». Se trata de máquinas «enormes» que serán visibles desde toda la zona norte de Zamora. «Queremos defender esto porque es lo único que nos queda», asegura la vecina de Palacios del Pan, que junto con otro grupo de personas se encuentra en estos momentos preparando alegaciones para intentar parar el proyecto. Una tarea ingente habida cuenta de la extensísima documentación aportada por la empresa y del entremado legal en el que se sustentan este tipo de iniciativas.
La empresa reconoce que los molinos se implantarán «fundamentalmente sobre terrenos de cultivo» y asegura que «se perdería esta actividad» allí donde se ubiquen las máquinas, los viales y las zanjas para canalizar la evacuación. Pero, indican, «supone un incremento de la mano de obra» durante lo que duren las obras. «Se considera», dice la empresa, que el impacto global es «positivo».
La empresa va más allá y reconoce que pueden existir molestias para la población cuando el parque esté en funcionamiento, en el hipotético caso de que llegue a estarlo. Las principales, relacionadas con el ruido de los molinos. «El funcionamiento de los aerogeneradores puede suponer molestias por ruido que son evaluados» como «significativos». La contaminación sonora, dice el proyecto, «debe ser evaluada», como también la lumínica. «Los aerogeneradores disponen de balizas de señalización para hacerlas visibles para la navegación aérea. El efecto de estas balizas con luz diurna es mínimo pero durante la noche se produce una alteración de la calidad lumínica del entorno que puede afectar a localidades o vías de comunicación cercanas», indica asimismo la empresa. Por lo que refiere al paisaje, la presencia de los molinos supondría un cambio importante. También se prevén efectos significativos para la fauna «ocupación de terrenos antes cubiertos por vegetación, efecto barrera, fragmentación del hábitat y molestias que afectarán al comportamiento de los animales», por no hablar del aumento de la mortalidad, previsible en este tipo de proyectos. Las áreas ocupadas dejarán también de estar disponibles para la práctica de la caza.
Entre los aspectos positivos la empresa habla de cuestiones que poco o nada tienen que ver con las implicaciones más locales. Hay una reducción de emisión de gases de efecto invernadero, dicen, y un efecto «positivo para el tejido socioeconómico local» en «concepto de pago de rentas por la utilización de los terrenos».
Sobre este proyecto se ha posicionado también la Federación Zamora en Pie, que habla de «decenas de hectáreas de suelo fértil sepultadas bajo miles de placas» y de molinos instalados «en el mismo Camino de Santiago». «Hace 92 años este pueblo ya se tuvo que mover para construir el embalse de Ricobayo», lamenta Alba González, que considera que el peaje por las renovables de Palacios del Pan lleva décadas pagado. «Las tierras más ricas quedaron sepultadas bajo un agua que ha enriquecido a las zonas más ricas de España», inciden desde Zamora en Pie. «Los habitantes de estos municipios seguirán pagando el peaje por transporte de electricidad en sus facturas de la luz, aunque sean otros mercados lejanos los que necesitan mantener y ampliar su consumo», concluyen las mismas fuentes.
