Sucedió en el otoño de 2003, aunque la noticia ya llevaba un tiempo flotando como una certeza inevitable: el último habitante de Otero de Sariegos se marchó y dejó sin vecinos a esta localidad enclavada en pleno corazón de la reserva de las Lagunas de Villafáfila. Han pasado más de 22 años de aquello y nadie ha vuelto a vivir en este lugar. Aquí, la despoblación demostró que no solo tiene luces de advertencia, también ejecuta. Y, cuando el contador se queda a cero, es casi imposible ponerlo a funcionar otra vez.
Pero esa es una historia ya contada. Volvamos a la primavera incipiente de 2026. Es viernes 27 de marzo en Otero de Sariegos y varios coches van y vienen por la zona. El día brilla, aunque pide abrigo, y la gente acude a los miradores y a curiosear entre las casas derruidas de este pueblo de la Tierra de Campos. Para quien haya ido de vez en cuando, la estampa es casi la de siempre. Apenas llama la atención algún detalle: una señal de obras junto al cartel, varias cintas que protegen intervenciones recientes y hasta una calle precintada en cuyo suelo hay rastro del trabajo humano.

Efectivamente, hay movimiento en esta localidad sin vecinos. Lo cuenta Antonio Rodríguez, que es el alcalde de Villafáfila y, por tanto, también del anejo de Otero de Sariegos: «Se ha puesto en marcha una escuela-taller», anuncia el regidor, que aclara que ocho alumnos y dos profesores han arrancado con los trabajos en el pueblo este mismo mes. Seguirán hasta finales de año en lo que se contempla como la primera fase de una intervención ambiciosa.
En esta parte inicial, la idea es adecentar las calles castigadas por el abandono y por 25 años sin intervención alguna: «Se va a hacer con un estilo rústico, con canto rodado y piedra», apunta Rodríguez, que subraya que «el objetivo es acabar con la sensación de ruina que da una visión paupérrima de lo que es la reserva». A partir de ahí, la idea es «hacer un museo al aire libre de lo que antes era el pueblo de Otero».

Para eso, se ha contactado también con los propietarios, con el objetivo de hacer un trato y que, en próximas fases de la intervención, se pueda actuar sobre lo que fueron las viviendas: «Les quitamos un problema», constata Rodríguez, que habla también de ventajas como la eliminación del pago de los impuestos municipales correspondientes a esos inmuebles.
Otros oficios
Por el momento, para lo que ya está en marcha, el Ayuntamiento hace una aportación, pero el grueso viene de la Junta, que pone algo más de 170.000 euros. En la escuela-taller financiada con esos fondos autonómicos, los alumnos aprenden albañilería mientras sacan adelante el trabajo previsto en Otero. El plan es que este modelo continúe más adelante con otros oficios, como el de jardinería, para perfilar un arreglo integral.
En paralelo a todo esto, el Ayuntamiento está ultimando el acuerdo para que la diócesis le ceda la iglesia de la localidad, también en un mal estado de conservación. Ese trámite no debería tardar mucho, pero los arreglos al completo, los del templo y los demás, se ven como un proyecto para varios años. Lo que queda claro con el movimiento es que Otero de Sariegos puede no tener vecinos, pero sigue vivo.
