El proyecto minero Valtreixal no verá la luz. El Boletín Oficial de Castilla y León publicó este martes la resolución desfavorable de la declaración de impacto ambiental tras un proceso de evaluación que se ha dilatado de forma considerable en el tiempo. No hay que olvidar que el auge mediático de esta iniciativa llegó en 2020 y 2021, cuando surgieron las primeras voces que alertaban sobre la afectación negativa que podría tener esta mina a cielo abierto en la zona. Más de cinco años después, la Administración le ha cerrado la puerta a la empresa.
El documento publicado por el Bocyl destaca que el proyecto promovido por Valtreixal Resources Spain, que pretendía crear esta mina para extraer estaño y wolframio de esta zona de Sanabria rayana con Portugal, «podría suponer afecciones e impactos severos a los valores naturales», por lo que su puesta en marcha resulta «ambientalmente inviable», tal y como se ha puesto de manifiesto en el análisis técnico.
En ese sentido, ha sido clave también el posicionamiento de los expertos de la Dirección General de Patrimonio Natural y Política Forestal en su informe relativo a las afecciones al medio natural, así como el resultado de las consultas transfronterizas realizadas ante el Gobierno de Portugal. De hecho, según el portavoz de Ecologistas Zamora, Julio Fernández, esta negativa del país vecino ha sido particularmente determinante.
El propio Fernández, junto a varios compañeros del colectivo, estuvo meses batallando contra el proyecto de Valtreixal, por lo que es un amplio conocedor de la iniciativa minera y de cómo ha sido el proceso que ha desembocado en esta declaración negativa: «Las minas a cielo abierto son muy contaminantes para los cursos de agua. Hemos visto casos de afectación ya en Galicia. Aquí, las aguas discurren hacia Portugal, hacia el río Sabor, y ellos no iban a aceptar nunca lo que se planteaba», argumenta el activista.
Conviene recordar que el proyecto hablaba de una extracción de 500.000 toneladas al año de estaño y wolframio en una superficie de explotación de 246 hectáreas. El periodo de explotación previsto era de 17 años. Todo, con la localidad de Pedralba de la Pradería a medio kilómetro de la línea eléctrica, y los pueblos de Calabor y Santa Cruz de Abranes a menos de dos kilómetros. El espacio definido se halla, además, en la reserva de la biosfera Meseta Ibérica.
«Un destrozo paisajístico»
«La mina era totalmente descabellada», insiste ahora Julio Fernández, que recuerda que, en su día, el colectivo ecologista editó un libro llamado «Ábrete cielo» en el que incluía 125 voces en contra de la mina. «Querían hacerlo en un espacio protegido y era muy grande. Habría supuesto un destrozo paisajístico y un daño sobre todo para las especies acuáticas, aunque también habría sido un desastre para el lobo», asegura el representante de Ecologistas Zamora.
Fernández y sus compañeros se manejan ahora «entre la alegría y el alivio» tras constatar el final de una de las luchas que «con más tenacidad» habían sostenido. «Sin el impacto ambiental ya no se puede hacer nada», remacha el representante de Ecologistas Zamora.
