El presidente de Vox, Santiago Abascal, ha vuelto a la provincia. Estuvo en Zamora primero, en Toro después y en Benavente este martes. Aprieta el líder del partido ultra en la circunscripción, que reparte siete procuradores y que, en 2022, le dio uno a los suyos. La expectativa ahora no es solo mantener ese representante, sino alcanzar el segundo para la marca. Desde esa lógica se entiende la presencia repetida de Abascal por estos lares.
Lo que tiene que ver con el mensaje, en realidad, no ha cambiado mucho de una vez a otra. Unos cuantos calificativos contra el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez; la bandera agitada contra la inmigración, los pactos con los partidos nacionalistas y el feminismo; y las advertencias al Partido Popular. De esto último, bastante, en realidad.
Y es que Abascal va viendo que, pase lo que pase escaño arriba o escaño abajo, todos lo caminos parecen conducir a un escenario de negociación similar al de Aragón o Extremadura. Es decir, con el PP como partido más votado y con Vox como socio necesario. «No hay ninguna posibilidad de que la izquierda sume», ha trasladado el dirigente de la formación ultra en Benavente, con el ánimo de desmontar las apelaciones al voto útil de los populares.
«No somos el coche escoba del PP», ha añadido también Abascal, que ha admitido que la gente les dice que «hay que entenderse», pero que ha pedido que sus interlocutores «se sienten a negociar seriamente, con tranquilidad, mentalidad de adultos y medida a medida».
El resto del discurso ha ido de apelación en apelación a la fibra de la gente. Apenas ha habido menciones directas a la situación de Castilla y León, Zamora o Benavente. Propuestas tampoco. También es verdad que Abascal no se presenta a las elecciones, aunque lo parezca.
