Monumentos, zonas arqueológicas, conjuntos históricos, conjuntos etnológicos y vías históricas componen el catálogo, extenso, de Bienes de Interés Cultural repartidos por la provincia de Zamora, un catálogo compuesto por más de 150 elementos en los que la Vía de la Plata juega un papel fundamental, aunque haya bienes protegidos en todas las comarcas. Algunos de ellos, aquí está la cuestión, en un evidente mal estado de conservación. La legislación indica que la conservación del patrimonio es uno de los deberes propios de las administraciones públicas y en el caso de Castilla y León, así se establece en varios puntos del Estatuto de Autonomía, la competencia recae básicamente en la Junta de Castilla y León, con algunas salvedades que, pese a todo, no alcanzan a los elementos BIC, que son preservados, o deben serlo, por sus titulares y por la Consejería de Cultura.
«El estado general es bueno, la gran mayoría de los Bienes de Interés Cultural están muy cuidados, pero hay excepciones», asegura Bea Barrio, una de las socias de Hispania Nostra, el colectivo ciudadano de expertos patrimoniales que elabora la cada vez más reconocida Lista Roja del Patrimonio. Una lista que refleja cuáles son los elementos culturales, protegidos o no, que tienen un delicado estado de conservación y que, en ocasiones, corren peligro. La lista, en Zamora, está compuesta por 37 elementos, algunos de ellos públicos, otros privados pero todos interesantes en mayor o menor medida. Algunos de ellos son, además, Bienes de Interés Cultural, con lo que la falta de conservación viene a convertirse en un problema aún mayor.

Hay algunos casos evidentes, cuya recuperación se lleva pidiendo años. Ahí aparecen Castrotorafe, el Castillo de Castronuevo, el de Alba o el de Asmesnal. Hay elementos que directamente se hunden sin que los propietarios ni la administración autonómica apuesten por restaurarlos, en algunos casos por falta de fondos y en otros, directamente, por desinterés. Hay ejemplos de todas las clases. En el caso del castillo de Alfaraz de Sayago, la propiedad es privada, pero la normativa obliga a las instituciones a hacerse cargo del mantenimiento de los bienes protegidos en caso de que los propietarios no puedan hacerlo o, directamente, no quieran. Lo dejó claro hace no mucho el Procurador del Común, antes de que la Consejería de Cultura decidiera hacer frente al fin al estado de deterioro de la iglesia de Molacillos.
La institución autonómica recordaba entonces que la ley cuenta con unas obligaciones con respecto a estos bienes y «obliga a la Consejería de Cultura, Turismo y Deporte a hacer el seguimiento adecuado para que se lleven a cabo las obras que estaban comprometidas» o, en su caso, para que se hagan efectivas. En definitiva, llamaba a la Junta a «impulsar cuantas acciones se requieran» para que la iglesia no se caiga. Acciones que se han impulsado hace escasas semanas en el caso de Molacillos, donde la instalación de un andamio en la torre empieza a prometer una recuperación que se pide desde hace muchos años. Aquí no hay propiedad desconocida, la iglesia es de la Diócesis, que tenía un proyecto para rehabilitarla pero que aseguraba que no contaba con fondos. Ahora, al fin, Cultura ha movido pieza.
Mucho más que los BIC
Esto por lo que refiere a los BIC, pero los expertos en Patrimonio piden a la administración autonómica que sea más ambiciosa y vaya más allá. «Muchas veces es una cuestión de voluntad. Se está tirando muchas veces de fundaciones, de apoyo social… pero falta algo más de iniciativa pública», remarca Barrio, que pide además más sensibilidad con la conservación de los bienes. «No es necesario esperar a que las cosas se caigan. Otro ejemplo claro es la iglesia de Otero, que todavía se puede arreglar pero que no se puede dejar ya mucho más tiempo» si la intención no es encontrarse con otro caso como el de Molacillos, en el que la integridad de la iglesia estaba ya en entredicho. También es necesario, remarca la arquitecta, pensar en los bienes que, sin ser BIC, son también interesantes desde el punto de vista patrimonial o etnológico. «Hay edificios que son importantes para las comarcas, que sirven para explicar su historia, y que se caen porque no tienen protección y nadie se hace cargo de ellos», apostilla Bea Barrio.

Otra de las funciones que en muchas ocasiones se incumple es la de hacer visitables los bienes. Algunos, como se ha dicho antes, son privados, y son inaccesibles para el público incluso en los escasos periodos de apertura que marca la ley. Los propietarios de un Bien de Interés Cultural deben favorecer las visitas del público, de manera gratuita, durante varios días al mes. Generalmente, aunque hay excepciones, se habla de cuatro días al mes. Hay bienes privados vallados en todo su perímetro, inaccesibles prácticamente en coche, en los que no se interviene para que se cumpla la normativa.
Promesas de uno y otro lado
El patrimonio forma parte destacada del programa de las dos principales formaciones políticas de la comunidad, PP y PSOE. Los primeros hablan de un «reglamento para la protección del patrimonio cultural», de dotarlo de mayor accesibilidad, de fomentar su conocimiento en los colegios y de fomentar sistemas de gestión integral y digital. «El patrimonio cultural es un recurso formidable para Castilla y León, que, con más del 50% del patrimonio histórico-monumental de España, es hoy un referente en la materia», apuntan los de Mañueco. Coincide en esta última afirmación el PSOE, que explica en su programa que Castilla y León es «una de las comunidades con mayor patrimonio histórico y cultural de Europa». «Nuestra red de bienes patrimoniales», dicen, «constituye una ventaja única». Entre las medidas propuestas está la de dedicar al os programas de conservación del patrimonio «al menos el 1% del presupuesto consolidado de la comunidad».
La conservación del patrimonio histórico es uno de esos temas «blancos» en los que las formaciones políticas suelen coincidir con buenas palabras, en los que se prometen inversiones y en los que las promesas electorales resultan agradecidas. Lamentablemente, también es uno de los primeros apartados a los que se mete la tijera cuando hay que cuadrar los presupuestos. Propuestas no faltan. Fondos, ya se verá.
