La iglesia de San Leonardo, en Zamora capital, es patrimonio y abandono. Nadie duda de su valor. Por eso fue declarada Bien de Interés Cultural (BIC) en julio de 1998. Pero su estado de conservación dista mucho del que se espera para un templo de su enjundia, construido entre los siglos XII y XIII y ubicado relativamente cerca del corazón de la ciudad, en la calle San Juan de las Monjas, por la zona de La Horta. Allí está, entre la invisibilidad y la lástima.
La historia de esta edificación habla de un quebranto para la ciudad y de una progresiva pérdida de relevancia del propio templo que comenzó a percibirse hace ya más de un siglo. En 1913, la Iglesia se desprendió de la propiedad de San Leonardo, que pasó a manos privadas. En concreto, a las de un hombre llamado Fernando Martínez, que adquirió toda la construcción para acabar por vender algunas de sus partes de mayor valor.

Así terminó en relieve del León de San Leonardo en el Metropolitan Museum de Nueva York, por ejemplo. A miles de kilómetros del lugar donde ahora resiste una iglesia que ya entonces, hace más de cien años, había sufrido cierto deterioro. Despojada de su función inicial como espacio religioso y de algunas de sus figuras más preciadas, el inmueble funcionó durante años como carbonera y continuó en manos privadas.
Ya en los años 90, el empresario Agustín Lorenzo adquirió el templo con la intención de utilizarlo para sus negocios. Inicialmente, este hombre habló de la creación de un auditorio, un pub y un restaurante. Según una información del año 2004 publicada en el diario ABC, la idea era invertir 1,5 millones de euros en un proyecto integral que conllevaría la creación de veinte puestos de trabajo. Pero no hubo manera. La cubierta, lo más delicado, se arregló en estos años, pero ni pub, ni restaurante, ni auditorio.

En otro reportaje publicado en La Voz de Galicia ya pasados los años, Agustín Lorenzo explicó que las trabas administrativas habían frustrado sus planes. El empresario se quedó con el Hotel Convento I, que funcionó en Coreses hasta hace menos de un año. El dueño falleció en 2022 y ahora son sus descendientes quienes tienen las propiedades. La familiar consultada ha declinado participar en este reportaje.
En cualquier caso, no hay movimiento alguno en la iglesia de San Leonardo. Eso sí, la arquitecta y guía Bea Barrio confirma que la reforma de la cubierta permite tener cierta seguridad en relación a la propia estabilidad del edificio. Mientras, el Ayuntamiento de Zamora trabaja en varios escenarios. El primero, el que más certezas genera, es el de la urbanización del entorno, un proyecto demandado por los vecinos que ya está cerca de salir adelante.
De hecho, el concejal de Obras, Pablo Novo, indica que la licitación está lista. «Básicamente, consistirá en pavimentar todo el espacio que está en tierra con el mismo suelo que en el resto del casco, y se va a incluir también el soterramiento de los contenedores», señala el edil, que admite que esta es una reivindicación vecinal. Una, subsanable de una forma relativamente sencilla y barata. Otra cosa es lo que suceda con la propia iglesia.

El paso a patrimonio municipal
Novo concede que «sería interesante estudiar la opción de que pasase a formar parte del patrimonio municipal». Para eso tendrían que darse las circunstancias adecuadas, pero el concejal entiende que el Ayuntamiento puede ofrecerle un uso a este tipo de espacios. «Hay zonas donde las iglesias que se desacralizaron luego se destinaron a usos asociativos y sociales», abunda el representante de Izquierda Unida.
La posible recuperación de ese templo, esta vez desde una institución pública, abriría una nueva etapa para una iglesia cuyo estado interior se desconoce, pero se intuye, y que ahora se encuentra prácticamente excluida de los caminos turísticos habituales. Ni es lo que era ni seguramente podrá serlo. Lo que sí puede suceder es que deje de figurar como la nada en medio de La Horta.

