Domingo 25 de mayo de 2003, día de elecciones municipales y autonómicas. Aparte de elegir a los alcaldes para los siguientes cuatro años, los vecinos de Zamora escogen a los siete procuradores que les representarán en las Cortes durante la siguiente legislatura. Hasta 1999 eran ocho, pero la despoblación aprieta. Hay un escaño menos. Aquel día, los populares logran cuatro de esos siete asientos por la circunscripción, lo que contribuye a reforzar la mayoría absoluta obtenida por Juan Vicente Herrera.
De nuevo, en aquel 2003, el PP gana en muchos pueblos, pero el inicio de esta historia se centra en un ayuntamiento en particular. Se trata de Villar de Fallaves, una localidad ubicada en la esquina noreste de Zamora, donde ese día de hace ya casi 23 años acuden a votar 70 personas. Una apoya a un partido llamado Unión Centrista Liberal, dos más a Unión del Pueblo Zamorano y tres al PSOE. ¿Y las demás? Todas al PP: 64 en total, un 91,43% de los sufragios. Si le suena extraño es porque no sabe que este municipio es uno de los súper feudos del PP provincial para las elecciones autonómicas.
El porcentaje de voto visto en esa votación y en ese ayuntamiento en particular es un caso extraordinario, pero se enmarca en la realidad de quince municipios de Zamora en los que el Partido Popular no solo gana, sino que arrasa en las elecciones autonómicas. En todos esos lugares, el PP no solo ha vencido todas las veces que se ha presentado – en cada uno de los nueve comicios desde 1991, tras el final de la marca AP – sino que lo ha hecho siempre con más de un 50% de las papeletas.
Villar de Fallaves se encuentra en ese grupo de feudos donde el PP es imbatible. Sucede lo mismo en Asturianos, Santa María de Valverde, Fuentesecas, Villar de Fallaves, Brime de Urz, Figueruela de Arriba, Samir de los Caños, Villarrín de Campos, Villalba de la Lampreana, Matilla de Arzón, Requejo, Viñas, Cernadilla, Villanueva de las Peras y Rosinos de la Requejada. En todos estos municipios, en las elecciones autonómicas, sople como sople el aire, el PP gana con más de la mitad de los votos a favor.

Estos súper feudos son una muestra de la fortaleza que tiene el Partido Popular de Castilla y León en gran parte del medio rural de Zamora. En otros ayuntamientos como Trabazos, Rabanales, Brime de Sog o Villamor de los Escuderos, el escenario es casi idéntico con la salvedad de un año en el que el PP no alcanzó la mitad de los votos. Sí la victoria. El PSOE carece de ejemplos de esta índole en la misma horquilla temporal. En los últimos nueve procesos, solo ha acercado a esa situación Lubián. Pero a los socialistas les cuesta sumar victorias por aplastamiento en las comarcas.
De hecho, incluso en 2019, cuando el PSOE ganó las elecciones en Zamora con 2.517 votos de diferencia, los populares vencieron por 3.000 papeletas en el medio rural. Es decir, en el territorio ajeno a la capital, Benavente y Toro. La fortaleza de ese colchón resulta evidente. En aquel citado proceso de 2019, el único en el que los socialistas han podido ganar a nivel provincial y autonómico recientemente, si solo se hubiesen contabilizado los tres principales ayuntamientos, el PSOE le habría arrebatado un escaño al PP por la circunscripción. Pero los pueblos salvaron a los populares y, de paso, a Alfonso Fernández Mañueco, que sumó otro asiento para acercarse a lo que luego fue el pacto de gobierno con Ciudadanos.
En 2022, el reparto no habría variado, pero el PSOE se impuso con claridad en los municipios grandes, mientras el PP le sacó, otra vez, cerca de 3.000 papeletas en el medio rural. A ello contribuyeron algunos de los citados súper feudos, como Asturianos, Santa María de Valverde, Fuentesecas o el ya destacado Villar de Fallaves. En todos esos lugares, los populares rebasaron el 60% de los sufragios. De hecho, en más de medio centenar estuvieron por encima de la barrera del 45%, algo que los socialistas solo lograron en 17 municipios.
El escenario para marzo
Los datos dicen que, en 2022, el PP logró contener a Vox en buena parte del territorio y vencer al PSOE en la suma de los lugares pequeños. Con eso, logró imponerse en votos, aunque el reparto de escaños dejó un empate a tres entre populares y socialistas, con uno para los de Abascal. Si los dos actores del bipartidismo quieren crecer, el camino está claro: para unos, remontar en las ciudades; para los otros, acabar con el colchón rural del contrario. El riesgo para ambos, que sea la ultraderecha la que crezca para acercarse a un botín más grande. Pronto será oficial que los ciudadanos decidirán el 15 de marzo.
