Zamora vive en las últimas semanas un pico en el número de actos vandálicos que preocupa a las autoridades y que, lo que es peor, afecta al patrimonio de la ciudad. Los vándalos han perdido ya definitivamente el respeto a alguno de los inmuebles, edificios o elementos más singulares de la capital, como demuestra el ataque que en la noche del lunes al martes se vivió en la muralla de Zamora, en la zona cercana a la calle de la Vega. Dos jóvenes realizaron allí pintadas que, aunque han sido ya borradas por los servicios municipales de limpieza, no dejan de resultar un atentado contra un elemento que goza de la máxima protección.
No es la primera pintada contra un elemento singular. Unas horas antes los vándalos habían manchado con sus grafitis uno de los muros exteriores de la iglesia de Santa María la Nueva. Pero hay más. Según el concejal Pablo Novo, solo en el año 2025, los servicios municipales de limpieza han tenido que intervenir en la muralla en el entorno de San Isidoro y en las Peñas de Santa Marta. También en la iglesia de Santiago del Burgo, en San Vicente, San Cipriano, San Antolín o en el Puente de Piedra, donde hace unas semanas aparecieron pintadas contra el presidente del Gobierno. Esto por lo que refiere a entornos protegidos o considerados Bien de Interés Cultural. Cuando se amplía el abanico la cifra de pintadas y actos vandálicos es enorme, tanto en elementos públicos como privados.
Resolver estas cuestiones no es gratis. El Ayuntamiento de Zamora destina, indica Novo, cada año una partida de 100.000 euros a eliminar las pintadas que aparecen en el entorno urbano. Un dinero que está reservado para estas actuaciones y que normalmente se agota ante el trabajo derivado del vandalismo que tienen los operarios del servicio de limpieza todas las semanas del año, prácticamente.
No deja de resultar noticioso que la Policía identifique a los autores (como sucedió con los que pintaron la muralla este lunes) porque, normalmente, esto no sucede. Las pintadas se realizan habitualmente por la noche en zonas poco concurridas. Los identificados son siempre propuestos para sanción por parte de la Policía Municipal. Dependiendo de la gravedad de los hechos y las fachadas o elementos en los que se realicen las pintadas, las multas pueden llegar desde los ochenta euros en el caso más leve a los tres mil en el caso más grave. En el caso de los delitos contra el patrimonio, como el que se podría imputar a los dos jóvenes identificados recientemente, las cantidades pueden aumentar significativamente y acabar por convertirse en cifras realmente serias.
El pico en el número de actos vandálicos se arrastra desde antes de las Navidades. Solo en el mes de diciembre se produjeron pintadas en el Arco de Doña Urraca (también protegido, como toda la muralla) y se detectó, lo aseguraban fuentes del Ayuntamiento de Zamora, un «importante aumento de las pintadas tanto en el casco histórico» como en otros puntos de la ciudad. Las jardineras de San Martín aparecieron destrozadas, el Puente de Hierro también estuvo marcado con pintura, se rompieron contenedores y papeleras, se destrozaron árboles, se robaron plantas… Cuestiones todas que hay que solucionar y reponer, con el consiguiente gasto público. Por ejemplo, cada contenedor roto o quemado supone para el Ayuntamiento un gasto de 500 euros, según las cifras municipales.
Ante esto, lo mejor sigue siendo apelar a la conciencia vecinal y a que los residentes o viandantes alerten de actitudes sospechosas. Es complicado atribuir los hechos a alguien en contrato a no ser que se le pille in fraganti, indican las autoridades, por lo que una actuación rápida resulta fundamental para atajar este incremento de los actos incívicos que, en este invierno, está afectando de forma importante a la ciudad.
