El Ayuntamiento de Zamora solicita a los ciudadanos que tengan viviendas vacías y busquen inquilinos que las ofrezcan para alojar temporalmente a los ciudadanos desalojados del barrio de Rabiche. Las 9 familias están de momento alojadas en dos hoteles de la ciudad y seguirán ahí durante unos días, pero la solución es temporal porque la llegada de la Semana Santa hace que estén todas las habitaciones ocupadas. El Ayuntamiento de Zamora será el encargado de firmar el contrato con los propietarios, correrá con el pago de la renta y se hará cargo de los posibles desperfectos que se pudieran ocasionar durante los «dos o tres meses» que estas personas estarían viviendo en los pisos. «Como en cualquier contrato de alquiler», subraya el alcalde, Francisco Guarido.
Que fuera el Ayuntamiento el que mediara con los propietarios es algo que los afectados pusieron sobre la mesa el pasado lunes por la tarde. Ellos mismos aseguraban que se encontraban con la puerta cerrada de muchos pisos, que «no nos quieren alquilar por ser gitanos». Extremo que ahora confirman Auxi Fernández, concejala de Servicios Sociales, y Carlos Fernández, coordinador territorial de la Fundación Secretariado Gitano. «Es una realidad que los particulares no quieren alquilar viviendas a los gitanos por el hecho de ser gitanos», apunta Carlos Fernández. «Es el Ayuntamiento quien hace ahora un llamamiento a la solidaridad. En Zamora, como en muchas ciudades, hay un problema de vivienda, que se agrava con las minorías. Por lo que sí, estamos también ante un problema de racismo», concluye la concejala. De momento, ninguna familia ha conseguido un piso para vivir durante estas semanas.
El ofrecimiento de la Casa de Acogida ubicada en la calle de la Reina, propiedad del Obispado, sigue sobre la mesa «y siempre lo estará», asegura el alcalde, que recalca que «estamos ante una situación de emergencia y las soluciones que se proponen son temporales». Tanto Guarido como la concejala de Servicios Sociales insisten en que la solución propuesta es «digna», que la casa cumple con los requisitos con los que debe cumplir para acoger a cualquier persona y que las instalaciones están en perfecto estado. «Hay habitaciones dobles, con baño, cocina industrial y un patio para hacer un poco de vida común», detalla Auxi Fernández. «El Ayuntamiento jamás patrocinaría algo que no tuviera unas condiciones mínimas», concluye Francisco Guarido.
Por lo demás, la obra avanza conforme se esperaba. En los próximos 10 días estarán retirados los restos del muro que se ha desplomado, que pesa unas 300 toneladas. Después comenzará la construcción del nuevo, necesario para que las familias puedan regresar a sus casas.