Suena el despertador en la habitación número 112 de la residencia juvenil Doña Urraca: son las ocho de la mañana. Sebastián Alonso (21 años) se levanta para comenzar un nuevo día de una vida que, desde hace un par de años, considera como lo más parecido a «cumplir un sueño». En el comedor, desayuna junto a una veintena de jóvenes que, al igual que él, están ahí por una misma pasión: el fútbol. Sebastián nació en la capital cafetera, Bogotá, y, como muchos niños, creció admirando a grandes estrellas como Messi o Cristiano Ronaldo mientras soñaba con poder, algún día, «competir en el fútbol español».
Su oportunidad llegó hace dos años, cuando su agente le habló de un proyecto reciente que buscaba formar a jóvenes futbolistas extranjeros para, posteriormente, proyectar su futuro en las ligas españolas. Ese proyecto era el Internacional de Zamora, una academia para jóvenes futbolistas que nació en 2021 de la mano de Iván López Hierro, actual director del proyecto y agente de jugadores.
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¿El lugar? Zamora. «Es una ciudad que tiene muchas facilidades, como las distancias cortas, una burocracia más rápida y, obviamente, el aspecto económico. Gracias a eso podemos ofrecer precios más competitivos», apunta Manuel Álvarez, primer entrenador del equipo, quien sostiene que este punto es uno de los grandes alicientes para los jugadores y sus familias frente a otras academias.
Una cuestión que es apoyada por el fundador, quien admite «tener un vínculo emocional» con la ciudad, al tratarse de su lugar de origen, pero que también ve en esta iniciativa un gran ejemplo de beneficio para todos. «Nosotros, porque nos permite llevarlo a cabo y la ciudad porque esto la ayuda a revitalizarse. Generamos puestos de trabajo y los jugadores acaban viviendo y consumiendo aquí», destaca.

Desde estancias más cortas como un mes hasta periodos que abarcan toda una temporada completa, los jóvenes procedentes de diversos rincones del globo pagan por una formación que va desde el curso de entrenador y condicionamiento físico hasta otras cuestiones como la alimentación, rutinas de descanso y análisis táctico del equipo y rivales.
Fue este compendio de servicios lo que animó a Jesús Duarte Cordero, portero proveniente del equipo Atlético Salitre de Colombia, a dejar su club: «Aquí te tecnifican para potenciar tu talento y mejorar tus habilidades», asegura el joven, «un diamante en bruto» para el analista del equipo, Javier Calvo. El chico pensó en el Internacional de Zamora como un paso más hacia un futuro profesional, que sabe «que es duro», y en el que espera que «la disciplina y el trabajo duro» se vean un día reflejados.

Todos esos “frutos” sembrados durante meses, finalmente se perciben en la parte final del proceso de la academia: las pruebas. Es decir, una serie de entrenamientos con otro club que se haya interesado en el jugador y gestionadas a partir de la agencia de representación de futbolistas. Pasarlas o no, no es definitorio en la carrera del futbolista, «hay ejemplos de chicos que han tenido hasta cinco pruebas», destaca Manuel Álvarez.
Ahora bien, estas pruebas sí que suponen el éxito de un programa donde alrededor del 48% de los jugadores acaba dedicándose al fútbol, aunque sea compaginándolo con sus estudios u otros trabajos. Ejemplo de ello es Juan Andrés Martínez (21 años) que hace apenas un mes ha comenzado su nueva etapa como futbolista en el Club Deportivo Benavente. Un paso más «para tener el mayor crecimiento y rendimiento en fútbol», comenta.
Caminos distintos pero misma pasión
No todos los casos siguen una progresión ascendente como el de Juan Andrés o el de Baaqui (primer futbolista de la academia que ha sido fichado por un Segunda Federación, el Badalona Futur), sino que el mundo del futbol tiene cabida para otras historias como la de Sebastián Alonso. Un jugador que a priori no destacaba por sus habilidades deportivas, pero sí por sus cualidades comunicativas. Por ello, el Internacional de Zamora le ofreció un camino distinto.

Tercer entrenador del Internacional de Zamora por la mañana, jugador del Noname Club y entrenador de categorías inferiores por las tardes, Sebastián es el nexo de unión entre el equipo técnico y los jugadores. Una «figura necesaria», define el primer entrenador Manuel Álvarez, y que sirve de apoyo en la adaptación social de jugadores con culturas e idiomas distintos.
La enseñanza del castellano, el acompañamiento en las gestiones burocráticas o en situaciones de malestar son algunas cuestiones que desde la academia trabajan, facilitando la inclusión de estos jóvenes en la ciudad. Una oportunidad que ha dado a Sebastián Alonso, «paz y la estabilidad económica». Por eso, el protagonista ve la ciudad de Zamora como un lugar donde cumplir sus proyectos a futuro, siempre con un balón bajo el brazo.