Miguel Romero tiene una línea roja marcada en el canto de la puerta de su garaje. La señal indica el nivel que alcanzó el agua «hace un par de años o tres», cuando vinieron lluvias intensas a Sayago y la falta de limpieza de la rivera que hay a unos metros provocó que la zona superior se inundara hasta causar problemas en la casa de este vecino. «Para que veáis que no os engaño», constata el hombre, que apunta con el dedo hacia la raya y que asegura que el agua llegó a la zona de la caldera que aparece al fondo de la estancia.

El vecino que cuenta todo esto es uno de los afectados por la situación del cauce del arroyo en Villamor de Cadozos, una localidad ubicada a mano derecha según se va por la carretera desde Bermillo hasta Almeida de Sayago. Allí, otro vecino, de nombre Salvador Rodríguez, constata que el seguro le tuvo que pagar «cinco máquinas» por culpa de la visita del agua a su casa, cercana a la de Miguel. «Desde la ventana te asustabas. Pensé: al final, tenemos que abandonar el pueblo», lamenta este hombre, otro de los más activos en las reivindicaciones de la localidad. No ha sido la única vez que el agua ha causado problemas.
Desde sus casas, y a lo largo de toda esta rivera, se puede ver un panorama en el que la maleza se ha comido el cauce dentro del casco urbano. La asociación del pueblo y el Ayuntamiento de Bermillo de Sayago, del que depende la localidad, han pedido de forma insistente, y desde hace años, que la Confederación Hidrográfica del Duero les permita acometer una limpieza. Ha habido inundaciones de casas y terrenos como las descritas por Miguel y Salvador, pero desde el organismo competente «solo hay silencio».

Ante este panorama, el colectivo ha tomado la determinación de denunciar el asunto ante la Fiscalía de Medio Ambiente. Lo cuenta Salvador, que anuncia que la Confederación ya ha sido notificada. La demanda se presentará este miércoles. El objetivo es que la Justicia obligue a la CHD a conceder el permiso para intervenir en la rivera. El pueblo ya tiene el compromiso de la Diputación para actuar en un lugar donde la realidad es que los metros de vegetación lo invaden todo, no corre el arroyo y hay puntos de agua estancada que generan malos olores: «Hay metro y medio de mierda, sin exagerar», asevera Salvador.
Vecinos como los de esta zona han enviado escritos, han redactado solicitudes, se han movido con los medios de comunicación nacionales y han tratado de persuadir de todos los modos posibles al organismo para poder actuar, «pero lo tiene que autorizar la Confederación». Y no lo autoriza. Hasta el Puente Romano que atraviesa el pueblo se encuentra, en estos momentos, colonizado hasta el borde por una vegetación que crece sin control.

«Hace muchísimos años que ni limpian ni dejan limpiar. No sé qué andan persiguiendo con esto», comenta Salvador, que aclara que, en la zona, «hay una depuradora que ni funciona ni ha funcionado nunca». La expectativa es «ponerla a trabajar» y que la CHD permita la entrada de unas máquinas para solventar la situación. «Esta es la primera lucha que se ha marcado la asociación», aclara el vecino. Luego vendrán otras, como el camino del cementerio o el asfaltado de algunas calles. Pero esta es la prioridad.
No en vano, a toda la problemática de las inundaciones que causa el estado de la rivera hay que añadir «el grave deterioro de las tuberías de los desagües, que presentan roturas y filtraciones». Eso provoca que viertan directamente al cauce del arroyo, «lo que empeora aún más el problema».

La luz verde que ha de dar Confederación
«Ya tiene constancia el Procurador del Común y ha venido el Seprona. Por un caso de Salamanca, entendemos que la rivera que está en la población depende del Ayuntamiento, pero siempre tiene que dar el visto bueno la Confederación», insiste el vecino, que considera que al pueblo «no le queda otra» que recurrir a la Justicia. «Esto se conocía como la Venecia de Sayago. La gente del pueblo venía aquí a lavar», recuerda Salvador. Ahora, «el agua huele» y hay que buscarla entre la maleza.
Ante este escenario, «no es conveniente callarse», deja patente el vecino. Su paisano de al lado, que en ese rato quita la vegetación de su finca, demanda que la presencia mediática del caso influya a favor de Villamor de Cadozos. «A ver si hace fuerza, porque no nos hacen ni puñetero caso».

