En la esquina de San Torcuato con la calle Sotelo hay este jueves de mayo de 2026 unos altavoces y unas sillas. También un público que las ocupa. Pero antes hubo otras cosas y otras personas. En los años 80, por ejemplo, ese era el lugar donde se apostaba Transi. O Teodora, como se llamaba en realidad. O Evarista, como rezaba su partida de bautismo. La castañera, para que me entiendan quienes la conocieron. Allí ponía el puesto la mujer y allí despachaba los cucuruchos que calentaban las manos y el gaznate. Durante mucho tiempo, ella formó parte del paisaje urbano de Zamora. Como tantos otros. Y un día se esfumó. Al menos, físicamente.
Lo mismo le sucedió a Andrés. El zapatero. «El zapa». Para varias generaciones, la presencia de aquel hombre de oficio antiguo en el número 24 de la calle de San Torcuato fue un hecho inmutable. Hasta que dejó de serlo. Un día, aquel tipo remendó su último calzado y puso una última suela. Después, echó la llave y se fue. Pero nunca del todo. Transi la castañera, Andrés el zapa y otros tantos comerciantes de este y otros rincones formarán parte siempre de la foto fija de la Zamora donde fueron costumbre. Y no hay olvido si se entrena bien la memoria.

Pero volvamos a las personas que están sentadas allí este jueves de mayo de 2026. Y a los altavoces que acompañan la escena. Todos los presentes escuchan juntos una ficción sonora. Los protagonistas, ya se imaginarán, son Transi y Andrés, cuyos intérpretes dialogan sobre fantasmas, castañas del pasado y calzados que ya dieron su último paso. También acerca de las bromas que adornaban la convivencia comercial en aquella zona que estuvo más viva de lo que está hoy en una Zamora que «siempre agoniza y siempre se salva».
Los presentes reciben también una foto antigua, con Transi apostada en su lugar de siempre. Tras ella, un letrero advierte de que no se pueden fijar carteles. Prohibición que desobedecen dos anuncios de películas que se proyectaban en cines que ahora ya no existen. Como dice la narradora de la ficción, ahora ya no hay ninguna frase que alerte del impedimento de poner publicidad, pero la pared luce limpia. Sin anuncios y sin castañera delante.

La escucha dura algo más de doce minutos y se rompe con un aplauso que arranca tímido – la gente acaba de salir de una ensoñación – pero pronto acelera para dotar de reconocimiento a la creación artística. Los asistentes acaban de oír la segunda historia de Dramawalker Zamora, un proyecto guiado por el Centro Dramático Nacional y el Teatro Principal de Zamora, dirigido por el exdirector del liceo municipal, José María Esbec, e interpretado por actores, actrices y otros creadores de la provincia.
Las historias son seis, como las localizaciones. Y esto no es ni una audioguía ni un archivo, sino «un teatro que se camina». Así lo definió, un ratito antes de salir a la calle de San Torcuato, el concejal de Promoción Económica, David Gago, que presentó en el Principal, junto a Esbec y los representantes del Centro Dramático Nacional, un proyecto que aspira a «reconstruir el mapa emocional de la ciudad».

La dinámica es sencilla. Se trata de viajar por las localizaciones marcadas, plantarse con unos auriculares y escuchar las historias en cada punto concreto. Los comerciantes como Transi o Andrés son una pieza clave de «este mapa de ficciones» de la ciudad que homenajea «al fantasma y al rumor», dos conceptos que están «en el lirismo de la ciudad», según recalcó también Esbec. Los que deseen sumergirse en el proyecto podrán ir buscando los audios en el propio Teatro Principal, San Torcuato, el antiguo Banco de España, Santa Clara, San Cipriano, el Puente de Piedra o el Portillo de la Lealtad. Pero también los encontrarán online.

Historias en la web del Centro Dramático Nacional
Lo que escucharán son historias «fantásticas» ligadas a la memoria de la ciudad, con distintos intérpretes y los textos de Esbec, Clara García Fraile, Eva Santos y Alberto Martín. Todos los audios están colgados en la web del Centro Dramático Nacional (se pueden consultar en ESTE ENLACE) y la recomendación de los creadores es que la gente se los ponga también en casa. No se preocupen, estos fantasmas no dan miedo. Y estarán ahí siempre. No hay horizonte temporal para el proyecto.
