En el año 2025, los expertos de la publicación especializada de James Suckling, una de las más prestigiosas del mundo del vino, probaron 45.000 botellas de distintas partes del mundo. De ese análisis casi inabarcable nace la clasificación con los cien mejores vinos en relación calidad-precio que ahora han compartido con sus lectores. Dentro de esa lista hay cinco caldos españoles. Uno de ellos es un blanco de la cosecha de 2023 de la bodega El Hato y el Garabato. Sí, de Arribes. De Formariz. De Zamora.
La revista se centra en botellas con un precio por debajo de los 40 dólares, aunque la calidad se valora más que el precio, claro. En el producto zamorano, los críticos destacan los aromas a cítricos, nueces y frutos secos. También el carácter «completo, agradable y bien estructurado» de un blanco envejecido en barrica y «listo para beber o guardar». La presencia de este vino en una clasificación como la de James Suckling respalda a la bodega que lo creó y también a la marca de la DO Arribes, que sigue tratando de posicionarse en un mundo «muy competitivo».
Lo cuenta el responsable de la bodega El Hato y el Garabato, José Manuel Benéitez, que celebra el hito de estar en este ranking como un espaldarazo «a nivel emocional». «Te ves junto a gente que admiras. Es súper emocionante», constata el enólogo, que también es ingeniero de Montes y licenciado en Ciencias Ambientales y que, junto a Liliana Fernández, se embarcó en el proyecto de la bodega hace ya once años.
Antes, ambos recorrieron distintas partes del mundo para aprender los secretos del vino y acabaron por instalarse en Formariz, el pueblo de los antepasados de él, que se había criado ya en Madrid. Ella lo hizo en Asturias. Acabaron en Arribes. Y en ese territorio, «con variedades a veces tan despreciadas», es donde siguen y donde trabajan. «Empezamos de la nada», apunta Benéitez, que admite que un proyecto como el suyo, con tanta necesidad de empujarlo, «se alimenta mucho de la ilusión».
Y este reconocimiento inyecta una dosis importante de esa energía en El Hato y el Garabato. Más si se tienen en cuenta los detalles de un vino «elaborado con una variedad local y muy escasa». «Existen poquísimos vinos en el mercado con esta variedad llamada Puesta en Cruz», insiste Benéitez. Esa materia prima es la que hace que el vino tenga «rasgos que descolocan bastante». «Nos gusta mucho que una variedad casi perdida, casi desaparecida, se pueda recuperar para crear uno de los vinos más valorados del mundo», ese «Ecléctico en barrica 2023», recalca el enólogo.
En esa línea, el responsable de la bodega asegura que «una de las grandes ventajas» con las que juegan en El Hato y el Garabato es que pueden trabajar con «una calidad de uva realmente buena, de mucho nivel». Es la cara A de asentarse en una zona que «carga con una fama no del todo justa». Ese estigma es el que se va borrando paulatinamente con reconocimientos como el de James Suckling.
«Nos apasiona estar aquí porque es un territorio que ha sido muy maltratado históricamente, pero que tiene una riqueza vitivinícola tremenda. De hecho, la riqueza genética es brutal precisamente por su aislamiento», explica Benéitez, que afirma que, a nivel nacional, los vinos de la zona «tienen la capacidad de emocionar y de sorprender». «Nosotros somos una bodega muy de territorio, con las raíces aquí. Es nuestra piedra angular», sostiene el enólogo.
Con esa filosofía siguen, aún como «una bodega pequeñita». En estos momentos, la producción de El Hato y el Garabato se sitúa en 20.000 botellas. «Ya nos valoran con cariño y eso nos hace ser optimistas a la hora de dar el siguiente paso», subraya Benéitez. Ese salto implicaría casi duplicar el tamaño hasta las 30 o 40.000 botellas y seguir abriendo mercados. En estos momentos, el proyecto asentado en Formariz ya vende en «15 o 16 países».
El vino premiado
Si ha llegado hasta aquí con ganas de ver dónde adquirir el vino reconocido en cuestión, Benéitez indica que, en Zamora o Salamanca, se puede encontrar en tiendas y restaurantes. También en otros puntos a nivel nacional, como Madrid o Barcelona. En un comercio, la botella puede rondar los quince o los veinte euros.
