Este 18 de abril hay un rinconcito de Sayago en el centro de Zamora. Quienes le dan forma vienen de allí, de la comarca. Van vestidos de negro, con protección en la cabeza porque el sol aprieta, y forman parte de un grupo que se llama Red Sapiense. Los hay veteranos, como José Antonio, que hace ya unos cuantos decenios que puso una piedra sobre otra por primera vez; también están los de la generación intermedia, como Jaime, los que ahora poseen la fuerza para levantar los muros; y luego aparecen los niños, que miran, obedecen y aprenden, como Blanca.
Todos, los mayores y los pequeños, están allí para hacer y deshacer un muro efímero de piedra en seco. Es decir, para montar y destruir, en media mañana, un pequeño ejemplo de lo que son las construcciones sayaguesas de toda la vida. No en vano, la citada Red Sapiense se dedica a eso, a difundir la técnica ancestral de construcción que ha dibujado el paisaje de la comarca siglo tras siglo y a reivindicar esa forma de edificar como algo del presente y del futuro. No como una reliquia del pasado.

Eso defienden en Sayago y eso vienen a decir también a Zamora. Todo sucede en el marco del mercado ecológico, en la plaza de la Constitución, con la música de Alberto Jambrina y los bailes correspondientes de fondo. Allí están todos, mano a mano, piedra sobre piedra, en una zona acotada en la plaza. La idea es construir un muro de cinco metros de anchura. Alrededor, observan propios y extraños. Las gentes con ascendencia de la zona, que conocen lo que miran, aunque esté fuera de contexto, y las personas ajenas, que contemplan la escena curiosas.

En medio de la faena, el presidente de la Red Sapiense, Jaime del Barrio, interviene: «Mirad estas piedras. No son solo escombros. Son los huesos de nuestra historia que el olvido está devorando. Pero nuestras manos pueden volver a levantar lo que el tiempo derribó. Sayago seguirá latiendo mientras quede una piedra sobre otra», clama el vecino de Roelos, uno de los más implicados en esta tarea de conservación y de memoria. Durante años, la piedra fue denostada, se miró para otro lado. Ahora, hay un grupo de gente que la vuelve a poner en el centro.
Entre ellos está también Raúl Sánchez, que no habla, pero canta: «Se están cayendo las cercas, se están borrando las huellas. Se están perdiendo los caminos que los antiguos trazaron», rezan sus estrofas. Tras el parón, la jera sigue. Con Jorge, con Manolo, con Sergio, con Jesús, con Begoña, con José Antonio. «La piedra en seco es una forma de entender el territorio. La huella más antigua y más firme de Sayago. No queremos ser la generación que lo echó todo a perder», insiste Del Barrio.

En el pasado se piensa, en el presente se vive y el futuro se quiere. «Cada piedra que colocamos esta mañana es un gesto de gratitud a los que construyeron el paisaje y un compromiso con quienes lo heredarán», recalca el presidente de la Red Sapiense. Mientras, una piedra va sobre otra. No hace falta nada más. Ningún otro material. Solo piedras. El muro se va a derribar, pero con esta técnica podría aguantar años, siglos. Como ocurre con los que aparecen repartidos por toda la comarca.
Ni le quites ni le des
La mañana avanza y la faena sigue. También para Blanca, la niña, la hija de Jorge, otro de los miembros de la Red. Una mujer se acerca a la pequeña para preguntarle por los guantes. Ella hace un gesto y sigue. Está cogiendo el relevo. En el perímetro de la construcción, la gente se amontona. Hay algún abrazo, varias charlas, mucha gente procedente de la zona que ha ido a ver cómo se monta en la ciudad parte de la identidad de sus pueblos: «Al sayagués ni le quites ni le des», advierte la camiseta de uno de los paisanos.
La realidad que hay tras el dicho es que a esa tierra le han quitado de más. «El abandono de Sayago es una herida abierta», vuelve a apuntar Jaime del Barrio: «La despoblación vacía nuestra identidad, pero hemos demostrado que se puede reconstruir, que lo que está en el suelo puede volver a alzarse. La piedra en seco es el símbolo de nuestra resistencia y se sostiene gracias al apoyo de unas piezas sobre otras, como sucede con las personas. No queremos que Sayago sea un museo del ayer», remata el presidente de la Red Sapiense.
«Por la piedra seca, por Sayago y por nuestra historia».

