
Hay una nave camino de la Luna y a quién le importa, con la que se ha montado en la Plaza Mayor. Para el caso que nos ocupa, en esa traslación de lo local a lo universal, son los astronautas de la misión Artemis quienes podrían estar bailando la Sandía en gravedad cero, porque mientras dura la Semana Santa en Zamora deberían de suceder todas las treguas del mundo. Las bélicas, las laborales, las académicas y hasta las sentimentales. Al igual que en tantos otros paréntesis vitales, este funciona porque es efímero. Cuando el Mozo cruza el puente ya sabemos que hoy será lunes y vamos a estar melancólicos, taciturnos, rellenando impresos o metiendo barras de pan en el horno. La anticipación de esa tristeza nos empuja a la calle durante diez días, a dormir menos, a salir de casa con un beso rápido a la madre custodia de la túnica, a dejarnos superar por los afectos y a diluirnos en las masas. Cabalgando al asalto del fuerte de esta primavera aflora la mejor versión posible de nuestra ciudad. Calles con olor a limpio, hordas de chavales, tiendas del casco antiguo llenas. Esta versión plagada de posibilidades, tal vez, nos podría mover a cuestionamientos sobre las otras cincuenta y una semanas del año. Pero esa proyección quedará para otros días. Hoy resta el abrazo de la Pascua, la satisfacción, la resaca que llaman emocional y a tenor de lo visto en el suelo de la plaza también habrá resaca de la del hígado. Es inútil ponerle cortapisas a la alegría y al adjetivo histórico, poblador de titulares en estos días posteriores. Nos complace vivir algo que sabemos efímero pero soñamos histórico. Quizá nos ayuda a poner el contador a cero para el próximo Jueves de Traslado y, sin duda, es lo que necesitaremos para afrontar muchas semanas de ostracismo en las que seguirán vigentes todos los males que asolan a la capital y a la provincia. Hoy es lunes y hay una nave camino de la Luna. Es bonito pensar que la Nasa nos ha concedido la tregua suficiente para que pudiéramos vivir nuestra Semana Santa y este lunes los astronautas tampoco nos dan mucha envidia porque nosotros, en una escala astronómicamente distinta, también hemos visto la otra cara de la ciudad.
Tras 11 días de postales y milongas semanasanteras doy por cerrada esta pequeña tribuna de unas 300 palabras diarias. Quiero dejar por escrito mi agradecimiento al equipo de Enfoque Diario de Zamora por regalarme el hueco para esas palabras y las imágenes que las acompañan. Quiero agradecer también el tiempo que tú, lector o lectora, me has prestado y deseo que te hayas encontrado entre algún verso o escena de la calle. Y que nos encontremos el próximo año. Salud.
