Los tiempos del cambio de siglo eran los de las cifras demográficas redondas. No había pérdida. En España vivían unos 40 millones de personas y en la provincia de Zamora, unas 200.000. Es decir, este territorio daba cobijo, más o menos, a un 0,5% de la población nacional. Han pasado 25 años de centuria y las cifras dicen lo siguiente: el país tiene ya más de 49 millones de vecinos mientras la provincia ha mermado hasta los 165.000. Ahora, los empadronados en Zamora representan un 0,33% del global del Estado.
Eso es lo que hay a nivel general. Por ser un poco más exactos, Zamora empezó el siglo XXI con 202.356 habitantes y llegó al primer cuarto de la centuria con 165.275. Son 37.081 personas menos. Básicamente, como borrar del mapa una ciudad del tamaño de Miranda de Ebro. La caída porcentual ha sido la mayor de España, con una bajada del 18,32% en el capital humano. Por mucho que uno se esfuerce, los números hablan solos. Han sido 25 años que merecen calificativos negativos en cuanto a lo demográfico. Ponga usted el que más le convenza.
En realidad, para buscar algún dato positivo, o al menos para separar el grano de la paja, conviene ir a los datos municipales. Esas cifras más al detalle son las que permiten saber por dónde se le ha ido la población a Zamora en este cuarto de siglo. Y la respuesta es que por casi todos lados. Solo en doce ayuntamientos hay números positivos. El resto está en rojo. Y 19 lugares, en rojo muy oscuro, con una caída superior al 50% de su población.
Pero empecemos por lo bueno: los doce que crecen contracorriente. Aquí, quien siga de cerca las cifras demográficas año a año, tampoco dará un respingo. Hay un fenómeno evidente que se ha dado durante todos estos ejercicios y que, aunque ahora parece que se va revirtiendo, ha dejado huella en los números: la gente se ha ido de la ciudad para mudarse al alfoz. Por eso, en estos 25 años, la capital de la provincia ha perdido 5.818 habitantes, para rondar ahora los 60.000, y otros ayuntamientos cercanos se han disparado.
El caso paradigmático es el de Roales. De 419 el 1 de enero de 2001 a 1.019 en el estreno de 2026. Una subida del 132%. Por detrás, completan el podio Morales del Vino con 3.040 (+78,5%) y Monfarracinos con 998 (+64,95%), ceñidos en este caso a los datos del padrón, los que se pueden comparar correctamente. A partir de ahí, Arcenillas ha pasado de 304 a 450 habitantes; Moraleja del Vino, de 1.307 a 1.796; Valcabado, de 352 a 414; Villaralbo, de 1.622 a 1.796; o Casaseca de las Chanas, de 360 a 373.
Fuera de ese radio de acción, se encuentra el caso de Benavente, que ha pasado de 16.844 habitantes al inicio del siglo a los 17.309 de ahora. A su abrigo, también ha repuntado Villanueva de Azoague, de 357 a 398. Y ya fuera del ámbito urbano, llaman la atención los números positivos de Moraleja de Sayago, de 296 a 300, y de Palacios del Pan, de 240 a 249.
La pérdida
A partir de ahí, los otros 236 municipios de Zamora perdieron población, pero no todos en la misma medida. Aquí, hay que destacar a diecinueve que mermaron más de la mitad. Hay que procesarlo bien. Solo en 25 años, más de un 50% de caída acumulada. En un caso, incluso, más del 60%. Ha ocurrido en Vallesa de la Guareña, que estrenó la centuria con 178 vecinos y que ahora tiene 67. No hace falta explicar qué pasaría a corto plazo si sigue el ritmo.
Ese es el caso más flagrante, pero el resto no se queda muy rezagado. Pías, en la Alta Sanabria, es el siguiente de la lista, con una bajada del 59%, de 222 a 91. A partir de ahí, esta nómina: Malva, de 223 a 92; Granucillo, de 250 a 105; Molezuelas de la Carballeda, de 111 a 47; Pobladura de Valderaduey, de 79 a 34; Olmillos de Castro, de 409 a 182; Villanueva de las Peras, de 191 a 85; Justel, de 168 a 75; Porto, de 329 a 147; Friera de Valverde, de 265 a 121; Matilla la Seca, de 72 a 33; Villalube, de 311 a 143; Brime de Sog, de 246 a 114; Hermisende, de 446 a 207; Villar de Fallaves, de 105 a 50; Arrabalde, de 389 a 186; Cotanes del Monte, de 162 a 79; y Santa María de Valverde, de 101 a 50.
Por terminar con algo positivo, el ritmo de caída se ha ido ralentizando en los últimos años analizados. Los pueblos de Zamora ya no se desploman con la velocidad de 2012 o 2013, cuando se esfumaban 3.000 personas al año. Habrá que esperar al análisis de 2050 para ver si la provincia logró darle la vuelta por completo a la tendencia. Si pasa, será con ayuda de fuera. Desde dentro, con el envejecimiento, ya no es posible.
