La última vez que se hizo fue en el año 2013 y este año se ha hecho dos veces. Una, el sábado 27 de diciembre, donde se ha hecho siempre, en Palacios del Pan. Otra, este sábado, donde no se había hecho nunca, en Zamora capital, en el barrio de San Ildefonso. Palacios se ha desplazado a la ciudad para hacer visibles sus tradiciones, para lucir el empuje de unos vecinos que han luchado para que no se perdiera en la espiral del olvido, que en los pueblos, es la despoblación. «La mejor manera de mantener algo es hacerlo visible», asegura la alcaldesa del pueblo. Y ello vinieron los vecinos, a presumir de lo suyo, que es lo de todos los pueblos de la provincia. La memoria de los antepasados.
La Cordera, la pastorada con la que los vecinos del pueblo de Tierra del Pan daban la bienvenida a la Navidad, no se representaba desde hace más de una década. Para muestra, un botón. Cuando se hizo por última vez la que hoy es alcaldesa, Lidia Pechero, hizo de zagala, uno de los personajes que se ponen en escena. Entonces fue en la iglesia del pueblo y cuando se solía hacer, a la medianoche del día de Nochebuena, antes de la Misa del Gallo. Ahora, unos años después, repite personaje. «Ya no me tocaba por edad», asegura en tono de broma, «pero la gente que tenemos en el pueblo es muy mayor y nos hemos tenido que implicar todos», celebra.

La Cordera se ha podido representar por dos factores, a cual más importante. Primero, por la memoria de los mayores y por el empuje de alguno de ellos, en especial de Felipe, en rescatar la costumbre para disfrute, sobre todo, de los vecinos. Y, segundo, por el interés «creciente» que un grupo de jóvenes del pueblo tiene en lucir las tradiciones de sus antepasados. «Lo importante aquí, como pasa en muchos pueblos, es que no se pierda lo que se hacía antes. Que nos juntemos todos para recordar cómo celebraban las fiestas nuestros mayores y hacerlo ahora nosotros», razona la alcaldesa.
Y es que la idea fundamental es esa. La Cordera es, en realidad, una excusa. Lo importante aquí es «recordar», hacer comunidad, implicar a los más veteranos en los ensayos, animarles a que transmitan sus conocimientos y unir generaciones en torno a una celebración. La idea ha gustado, como muestra la asistencia a ambas representaciones (la de Palacios del Pan y la Zamora) y la intención de los impulsores es darle cierta continuidad. «Quizás no todos los años», reconoce Pechero, pero sí cada cierto tiempo. «Que no se pierda, que no vuelvan a pasar otra vez tantos años para representar la pastorada». La «pena» es no hacerla en Nochebuena, pero en el pueblo son conscientes de que, a día de hoy, sacar a la gente de sus casas en esa noche para representar la obra es poco menos que una quimera. «A lo mejor, cada dos o tres años, podemos seguir haciéndola», estiman en el pueblo.

Palacios, con todo, ha tomado la iniciativa a tiempo. Muchos de los vecinos que participaron en la, hasta este año, última representación de la Cordera ya han fallecido. Otros muchos se reconocen ya «muy mayores» para volver a enfundarse el traje de actor, así que han declinado la invitación a participar en la representación de este año aunque sí han acudido a ensayos y han transmitido sus recuerdos. Otros, los que eran más jóvenes en 2013, sí han participado, y algunos se han quedado con las ganas («Hay gente que vive fuera que me ha dicho que si quedaban plazas quería participar, porque todavía recordaban el texto», dice la alcaldesa). El caso es que, si hubieran pasado más años, la recuperación de la pastorada hubiera sido bastante más complicada. «Los textos están, pero no son solo los textos, también es que la gente que ha participado y que la ha visto todos los años transmitan cómo se hacía. Muchos ya no están, y dentro de unos años faltarán más. Es bueno recuperarlo ahora», apostilla la regidora municipal. Por eso es destacable el esfuerzo hecho por Mariano Fernández, de la Asociación de la Capa Alistana, por el citado Felipe Fernández, y la buena acogida de la Asociación de Vecinos del Casco Antiguo y del párroco de San Ildefonso. «Sin ellos, no lo hubiéramos podido traer a Zamora», ratifica la alcaldesa.
Cambian cosas, es inevitable. La representación no es la misma que se hacía hace años porque no puede serlo. Ni siquiera es la misma que en 2013. En verdad, da lo mismo, porque eso no es lo importante. Lo relevante es que la tradición que los antepasados de Palacios quisieron mantener siga viva, que sobreviva algo que se dejó de representar pero que nunca se perdió, porque vivía en la memoria de muchos. Este año ha salido a la luz, otra vez, y es algo digno de celebrar. Muestra del relevo es el cartel. En la foto, los vecinos que hicieron la Cordera en 1981. En la escena, sus herederos. Un triunfo de la memoria en toda regla y una reivindicación de lo local de un pueblo empeñado en que sus tradiciones no se pierdan. Algo que, en estos tiempos, conlleva un esfuerzo ingente.

