– ¿A qué hora te echaste?
– A las cinco y media.
– ¿Y los niños?
– Poco antes.
En Riofrío de Aliste la noche se ha hecho larga. Normal, es Nochevieja. Y el día de Año Nuevo se presenta intenso. La conversación de antes la llevan dos vecinas, sobre las 12 del mediodía, cerca de la puerta por la que unos minutos después, con el tradicional estruendo y humo, saldrán el Diablo Grande y el Chiquito, los dos personajes más representativos de la mascarada más concurrida del 1 de enero en Zamora, los Carochos. La noche ha sido larga, pero este momento nadie en el pueblo se lo quiere perder. Las caras de sueño son habituales entre la juventud, pero ahí están todos. Como debe ser.

La mascarada ha ganado repercusión en los últimos años y ello se nota en las calles del pueblo. Hay mucha gente y, sobre todo, se percibe que hay más turistas que en años anteriores. De ello dan cuenta los vecinos, que lo comentan, que cada año hay más gente.
– ¿Eso es bueno, no?
– A todos nos gusta que venga gente a nuestro pueblo, claro… asegura una vecina.
Esto de cara al público. En los corrillos, a los vecinos se les escapa el comentario de que antes, se veía mejor. La repercusión trae a la gente, y eso genera más repercusión. Un círculo en el que ahora se encuentra metida de lleno esta mascarada, considerada Fiesta de Interés Turístico Regional.

Sea como fuere, y entre la nieve que empieza a caer a eso de la una del mediodía, la localidad alistana cumple este año con su tradición, llevada ahora a hombros por unos jóvenes, los que la ponen en escena, que presumen de las costumbres que han heredado de sus antepasados. El teatrillo en la plaza de la Iglesia vuelve a ser lo más concurrido.
Después, muchos se van y Los Carochos se celebran ya de una manera un poco más parecida a como se celebraban hace años, con más presencia de público local.

