En Sarracín de Aliste, el día de Año Nuevo, se madruga. En realidad, se madruga mucho. O no se duerme, allá cada cual, porque de esto también hay bastante este primero de enero por las calles del pueblo. La localidad alistana se sacude los males de la despoblación durante esta mañana en la que foráneos y, sobre todo, locales emigrados vuelven a pisar las calles. Saca de los arcones los trajes típicos, se desempolvan los cencerros y se corre. Se corre mucho, con alguna parada y fonda, sí, pero se corre. Es 1 de enero, día en el que los protagonistas son Los Diablos.

La mascarada tiene su historia, la cuentan los viejos del pueblo, que la habrán escuchado de generaciones anteriores y que ahora se la replican a quien les quiere preguntar. Dicen por Sarracín que los Diablos vivían en el monte y que solo bajaban en Año Nuevo a pedir al pueblo, pero que una vez se encontraron con que ya había mendigos en la localidad y los tuvieron que echar. A grandes rasgos eso es lo que se escenifica hoy. Carreras, voces, trajes de colores sirven para que el relato pase de generación en generación.
Pero Sarracín realmente celebra hoy el arraigo de sus gentes. El día de Año Nuevo sigue siendo aquí una de esas jornadas en las que, el que no viene, es porque no puede. El pueblo reclama a los emigrados, mucho en estas fechas navideñas y especialmente el primer día del año. Hoy, Sarracín ha vuelto a palpitar y ni el frío ha podido impedirlo.

