Ojalá hubiera hecho el tiempo del Domingo de Resurrección, pensarían algunos. O mejor así, que luego el calor pega y se sufre en la pradera, dirán otros. El segundo Domingo de Pascua, inicio oficioso del calendario de romerías con la salida a los campos del Cristo de Valderrey, ha cumplido en Zamora con su desarrollo habitual. Muchos romeros, cientos, han acompañado a la imagen a primera hora de la mañana desde su casa, en la iglesia del Espíritu Santo, hasta la ermita donde pasa un día al año. Este, en el que además los romeros aprovechan para realizar la tradicional bendición de campos. Este año ha llovido mucho, así que habrá cosecha.
Por lo demás, si uno ha ido a Valderrey una vez es como si hubiera ido toda la vida. Grupos familiares, cuadrillas de amigos y compañeros de diversa índole han pasado un día festivo en el que, aunque ha sido necesario abrigarse algo más de lo deseable, se ha podido pasar el día sin más sobresaltos. Y para calentarse siempre quedan los bares, atestados de gente desde primera hora.

El ritual permanece prácticamente invariable año tras año. Procesión, misas y el pequeño caminar hasta el alto desde el que se realiza la bendición de campos, este año verdes por las abundantes lluvias caídas durante la invierno. Tampoco hizo falta agua el año pasado, algo que hay quien atribuye al Cristo.
Y en estas discurre la jornada, en realidad nada que no se sepa. Bailes, dulzainas, tamboril, empanadas, rosquillas del Cristo, cerveza y mucha sangría para celebrar este segundo Domingo de Pascua. Ojalá hubiera habido un poco más de sol y algún gradito de temperatura más. Lo demás ha salido a pedir de boca.

