Todas las historias de los pueblos con vacas descontroladas parecen una sola. Hay tantos rasgos comunes que se puede hablar de un patrón: primero, un ganadero desconocido viene de fuera para aprovechar los pastos de la zona; después, progresivamente, se va desentendiendo del control de los animales; más tarde, ante las quejas, pone excusas, evita el conflicto y toma algunas medidas cosméticas para frenar el enfado popular; finalmente, se maneja en la situación para quedarse incluso cuando expiran los contratos o se acumulan las denuncias.
En ese escenario está Molezuelas de la Carballeda. Pero también Villalverde, a un paso de allí, en La Carballeda, o Lubián, mucho más lejos, en la Alta Sanabria. En esa zona, al pie de la frontera con Galicia, se instaló hace «cinco o seis años» un ganadero dispuesto a aprovechar unos pastos arrendados en Chanos, anejo del municipio. Llevó unas 170 vacas. Pero, a juicio de las gentes de la zona, no se ha comportado de acuerdo al más básico de los civismos.

Lo explica el alcalde de Lubián, de nombre Felipe y de apellido homónimo al de su pueblo. Y tiene claro lo que debería ocurrir: «Este tema de las vacas abandonadas en varios lugares de la provincia tendría que llegar a los juzgados en lugar de seguir determinados protocolos que no van más allá de los servicios de Agricultura. Es algo escandaloso», considera el veterano regidor, que habla de un panorama «de muy difícil comprensión».
En el caso de las vacas de Chanos, que se extienden por toda la contorna de Lubián, hay hasta animales nacidos hace menos de un año que no tienen crotales y que «el señorito no ha visto en su vida». Así se refiere el alcalde al ganadero, que procede de la zona de Ávila y que, a diferencia de lo que ocurre en Molezuelas o Villalverde, no se ha instalado de manera permanente en el territorio, sino que se sirve de la ayuda de «amigos de Galicia» que le echan una mano.
Pero, para el regidor, esa forma de proceder es claramente insuficiente. «Las vacas se pasan la vida en Lubián. Comen castañas y manzanas, tiran paredes… Es un tormento», resume el alcalde, que advierte que también «pueden estar en las carreteras» y que recalca que «no son vacas mansas». «No solamente es que no estén controladas, es que ni están custodiadas. Y enferman y mueren», asevera el responsable local.
Un toro viviendo en Lubián
Según el alcalde, este mismo invierno, un toro de este ganadero ha vivido en Lubián: «Gordo como un demonio, de unos mil kilos». Animales como ese se han paseado por la zona junto a unas vacas que «andan muy esparcidas». Ahora, con el final del contrato de los pastos en Chanos, lo lógico es que los animales se marchasen, pero «tiene que juntarlos para hacer el saneamiento». Y esa tarea se está complicando de más, a juzgar por el testimonio del regidor.
A eso se une la presencia de vacas muertas, incluso de varias terneras en la zona de Chanos donde las vacas tendrían que estar custodiadas. Algunos de esos animales se han hallado cerca de los ríos, algo que inquieta a Felipe Lubián, que indica que una veterinaria ha comprobado los hechos: «Estaban ya en estado de descomposición», remacha el alcalde, que demanda una solución más contundente derivada de la acción de la institución competente: en este caso, de la Junta.
