Por las que te habían olvidado

La Soledad recorre las calles de Zamora, muy arropada por sus damas, tras dos años seguidos de suspensiones

por Manuel Herrera
La Virgen de la Soleda en el tramo final de la procesion. Foto Emilio Fraile.

Una niña cualquiera en un hogar de Zamora cualquiera lloró un Sábado Santo de 2024 porque la procesión de la Soledad no podía salir, con las ganas que había. La pequeña, pongamos que de cuatro años y medio, había aguantado un ratito en el desfile de 2023, pero las piernas y el ánimo le flaquearon antes de que su madre y ella pudieran acompañar a la Virgen hasta casa, a San Juan. Por eso, al año siguiente, con más fuerza y más conocimiento, todo tenía que ser distinto. Lo que pasa es que llovió. Como casi toda esa Semana Santa.

Una niña espera el inicio de la procesión. Foto Emilio Fraile.
Una niña espera el inicio de la procesión. Foto Emilio Fraile.

Un año después, en la misma casa, mismas escenas. El agua por la ventana y la tristeza en la cara de la niña. En ese 2025, algunas de las compañeras fueron con los paraguas a cantarle a la Soledad a la puerta de la iglesia, porque Ella nunca tiene que estar sola un Sábado Santo, pero no es lo mismo que desfilar. Ni parecido. Al final, llegó la primavera de 2026 y la protagonista de esta historia llevaba tres años sin salir con la Virgen. Y tiene seis y medio. Por eso, se levantó este 4 de abril y, aunque sabía que era el día y lo recibió con el amor que correspondía, no se acordaba de la última vez.

Todo es nuevo para esta y para tantas otras niñas de la Soledad cuando dan las ocho. Ha pasado tanto tiempo que parecen siglos: de estrenar el cole a estrenar Primaria; de ver cómo las piernas flaqueaban a saber que ahora puede caminar al ritmo de mamá para hacer un recorrido que no domina, pero que va a descubrir pronto. Por la mañana, cuando corrió las cortinas, solo había azul en el cielo y mucha gente en la calle.

Y, a las ocho en punto, toda esa gente está en la Plaza Mayor. O vestida de negro como ella o situada en cada esquina para ver salir a la Soledad. La niña ya ha aprendido que la imagen la hizo un señor que se llamaba Ramón Álvarez. Hace 140 años. De ese tiempo, ni ella ni nadie se acuerda ya. Tampoco parece que ninguno de los presentes tuviese en la memoria una emoción parecida a la que provocaron en el público Luis Santana y Ainhoa Arteta con su Ave María de salida. Lloraba hasta la dueña de la privilegiada voz.

Pero es en el instante en el que se callan las voces de los artistas cuando empieza el camino. Y es el momento anhelado por niñas como la de esta historia, que caminan orgullosas y que el año que viene lo recordarán todo. Un día tendrán que enseñarlo, como sus madres lo hicieron con ellas. En las aceras ven a las hermanas, a las abuelas, a las amigas. Y, si han tenido suerte, al fondo o al frente a la Virgen, que de tanta compañía está a la vista de las que van por Santa Clara y de otras que miran hacia allí desde San Torcuato por el agujero que abre la calle Benavente.

Dos niños, en San Juan antes de la procesión. Foto Emilio Fraile.
Dos niños, en San Juan antes de la procesión. Foto Emilio Fraile.

Las bebés y los tambores

También hay bebés en el desfile que todavía no recordarán el momento, que no viajan a pie, sino en brazos. Pero no como una carga, sino como un estímulo para quienes las llevan. Una motivación como la que parece sentir un niño que, al pie de la plaza Fernández Duro, tocaba minutos antes un tambor de mentira para entretenerse y que ahora mira absorto, a hombros de mamá, cómo funcionan los de verdad. Como hace bueno y nadie tiene frío, tardan en pasar para que todo el mundo lo vea bien.

¿A alguien se le hizo largo? A lo mejor. Pero hay que poner las cosas en su contexto. Eran tantas primeras veces después de las lluvias que valía la pena recrearse por si 2027 viene torcido. También era el momento de caminar despacio y recordar a las que quizá pudieron venir en 2023 y ahora ya no están. Pero dejan legado. Las niñas en brazos y las que caminan hasta el final por primera vez son las garantes de que haya muchos más Sábados Santos de Soledad y emoción en Zamora.

Luis Santana y Ainhoa Arteta, interpretan el Ave María ante la imagen de la Virgen. Foto Emilio Fraile.
Luis Santana y Ainhoa Arteta, interpretan el Ave María ante la imagen de la Virgen. Foto Emilio Fraile.

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