Marcos Vergel llega a la cita rodeado por un grupo de hermanos. Es día de evento semanasantero en Toro y la gente del mundillo se junta para organizarlo todo. En el miércoles fijado para la conversación, quedan aún once días para el Domingo de Ramos, pero los que sienten la Pasión ya palpitan con ella. También el adolescente que protagoniza esta historia, insultantemente joven, pero conocedor de la tradición que le mueve y de lo que viene a explicar esta tarde.
Y la narración de Marcos tiene que ver con los conqueros de Toro y con él mismo. No en vano, la figura que ejerce como uno de los grandes símbolos reconocibles de la Pasión en la ciudad y este muchacho de 16 años van ahora de la mano, como antaño la tradición estuvo ligada a los hombres que fueron desfilando generación tras generación. Ninguno, eso sí, tan joven como él: «En eso tengo el récord», concede el joven cofrade, que ya salió con 15, en 2025, y que ahora repetirá. Lleva semanas paladeándolo.

La idea del reportaje, le traslada el periodista, es que él, Marcos, cuente qué es el conquero y qué papel juega en la Semana Santa de Toro para que lo entienda bien la gente de fuera. Cabría esperar una respuesta más dubitativa, pero el chico habla con firmeza y con datos. «El conquero es un nazareno de la cofradía de ánimas que se encargaba de pedir limosna por las calles de Toro para los entierros o para el sufragio de misas en honor a los hermanos fallecidos. En algún momento, se extrapola a la procesión», señala el adolescente. De ahí su presencia ahora el Jueves y el Viernes Santo con la túnica negra y el dogal dorado.
En realidad, el conquero sigue recaudando fondos, aunque lo que consigue ahora va directamente para la cofradía de Jesús Nazareno y Ánimas de la Campanilla de Toro. Su papel se extiende desde el mediodía del Jueves hasta el final de la procesión del Viernes, y su nombre se deriva de la pieza que porta en sus manos para realizar esa tarea. Se trata de la conca, «un elemento etnográfico típico de Toro que se utilizaba para catar el vino en las bodegas».
Las concas más antiguas datan del siglo XVIII, pero también las hay modernas. Con ellas salen los conqueros tras la bendición del Jueves, que antes se hacía en las casas de los abades y ahora se organiza en la iglesia, «en un acto muy bonito en el que se saca la imagen de nuestro Padre Jesús», aclara Marcos, que muestra sus convicciones religiosas y que vincula su amor por la Semana Santa a la fe y a la enseñanza familiar.

No en vano, él entró como conquero en 2025 porque su padre era abad. «Pero se ve que quedaron contentos», celebra el chico. Le han vuelto a llamar. Cada año son cuatro los hermanos que representan a esta figura. Cada uno de ellos va adscrito a una parroquia: Santo Tomás, la Trinidad, San Julián y la Colegiata. El conquero más antiguo tiene derecho a elegir. Y, como Marcos es el único que repite, esta vez se decidirá por San Julián, para cumplir con su función en la zona con la que más identificado se siente.
«Lo que hacemos los conqueros es pedir desde las doce de la mañana hasta la hora de comer, y luego después de comer hasta que se mete el sol», indica el adolescente, que destaca que antiguamente, se iba casa a casa. Ahora resulta inviable. «Te pones en los cruces donde haya afluencia de gente y lo haces ahí», cuenta Marcos, que remarca que, ya el Viernes, en la procesión, la indumentaria sigue siendo la misma y hay que portar la conca.
El silencio
Todo, en silencio, claro. Esa es una de las normas básicas. «No podemos hablar. Aunque nos vejen. Aunque nos insulten. Aunque se metan con nosotros», repasa Marcos, que apunta que la vara también diferencia un poco a esta figura. «Al golpear el suelo hace un tintineo particular», resalta el conquero, que deja claro su sentimiento: «Para mí, no hay mayor honra. Cuando paseas por estas calles, por estas rúas viejas, tienes un tiempo para pensar en ti, para ver qué haces mal o qué haces bien, y solamente el hecho de mirar las casas y las iglesias y saber que eres uno más en una lista tan larga en la historia de la cofradía es algo que te enorgullece», argumenta el protagonista.
«Me acuerdo mucho de todos los hermanos que han sido conqueros», zanja Marcos Vergel, que todavía está en cuarto de la ESO, pero que en esta Semana Santa volverá a cumplir con una tradición que mira a una larga lista de adultos en Toro.
