Acaban de dar las once de la mañana, las que ayer eran las diez, pero la gente de Riego del Camino ya tiene los ramos de laurel bendecidos en la mano. También están listos los tres grandes protagonistas de la procesión que está a punto de empezar al pie de la iglesia del pueblo: Jesús Calvo, humano adulto, a pie; Señor Romerales, burro, a pata; y Noa, humana niña, a lomos del asno. El cura, llamado Bernardo y procedente de Haití, según los feligreses, no pierde el tiempo. «Caminamos con fe», reclama. Y la gente camina.
Pero, antes de seguir, este reportaje debe una explicación a quien no esté familiarizado con la tradición de Riego. Desde hace más o menos veinte años, Jesús, el dueño del burro, se viste con una túnica blanca y un pañuelo a la cabeza y lleva a la misa del Domingo de Ramos a Señor Romerales: «Es el único día que trabaja», advierte el vecino en referencia al asno, que se convierte en el gran protagonista de la procesión que organiza la parroquia en esta jornada.

Normalmente, algunas niñas acompañan a la comitiva, con un atuendo similar al de Jesús, y una de ella se sube a lomos de Señor Romerales para hacer el viaje igual que dice la tradición cristiana que entró el Mesías en Jerusalén: a bordo de un burro. El asno de Riego ya tiene asimilada la jugada y cumple sin rechistar con la jera mientras luce sus listas de tela con los colores de la bandera nacional y de la seña bermeja. Luego, come un poquito de laurel como compensación y descansa.
Hecho este paréntesis explicativo, allá va la procesión. El cura, animado pero presuroso, arranca a cantar: «¡Qué alegría cuando me dijeron…!». La timidez del coro de voces obliga al sacerdote a insistir. «¡Cantamos! ¡Juntos!». Los feligreses – sobre todo, las feligresas – calientan la voz y acompañan al religioso, pero antes de que acaben todas las estrofas ya están otra vez a la puerta de la iglesia. El desfile con Romerales, Jesús, Noa y los demás se ha reducido esta vez a una vuelta en círculo que habría batido el récord de tiempo en varios circuitos de Fórmula 1: un minuto y algo.

«Solamente es esto porque el cura tiene que ir a muchos pueblos», apunta Jesús, mientras ata al burro a una valla y se dispone a entrar a la iglesia para una celebración breve. La verdad es que, si uno mira el cartel con las misas de Semana Santa en las parroquias de la contorna, cuesta no agobiarse. Con lo del domingo, lo del jueves y lo del viernes.
Aún así, antes de marchar, el cura lanza varios vivas a Jesús (Jesucristo, en este caso) con los ramos de laurel arriba. Todo ha sido rápido, pero se ha cumplido. Los vecinos confían en que Romerales, que ronda los 35 años, pueda volver en 2027 a dar la vuelta larga.




