10 de junio de 1987, elecciones en Castilla y León. Alianza Popular, el partido del que nació poco después el PP actual, gana la votación por un margen muy estrecho. Su candidato, un entonces joven José María Aznar, se asoma a la presidencia de la Junta. En Zamora, el triunfo para el aspirante de la derecha es un poco más contundente que en el resto de la comunidad: 55.698 votos, un 43,64%, suficiente para que AP se lleve cuatro de los ocho procuradores en liza. Tres fueron para el PSOE y uno para el centro del CDS.
En esas mismas elecciones, Uña de Quintana, un municipio zamorano cercano a la frontera con León, no fue precisamente el Ohio de la comunidad o de la circunscripción. Es decir, si uno mira de forma aislada lo que pasó en este pueblo, le costaría bastante predecir lo que sucedió en el resto del territorio. En este ayuntamiento, la primera fuerza fue el Pancal. O sea, el Partido Autonómico Nacionalista de Castilla y León, una formación sin mucho recorrido que, en esos comicios, logró 444 votos en toda la provincia: 116 de ellos en una localidad con 295 electores.
Pero es que, además, en Uña, el CDS fue segunda fuerza ese año y Alianza Popular no sacó en la localidad ni uno de los 55.698 votos que obtuvo en Zamora. En general, en este municipio, el apoyo a la alternativa en las autonómicas fue la norma durante las primeras legislaturas. En 1983, la primera fuerza fue el Partido Demócrata Liberal; en 1987, el citado Pancal; y, en 1991, el CDS. El bipartidismo no se impuso hasta 1995.
El caso de Uña de Quintana en los 80 y los primeros 90 es un ejemplo de los votos contracorriente que brillan en algunos municipios de Zamora en las autonómicas. En Rábano de Aliste, donde el Partido Demócrata Liberal y el CDS llegaron a ser primera y segunda fuerza, en Mombuey o en Villaseco pasaron también cuatro elecciones de Castilla y León hasta que el PP o el PSOE fueron primera fuerza. Y el hecho resulta excepcional. Porque aquí siempre se ha votado bipartidismo. Principalmente, en azul.
No en vano, solo PP (antes AP) y PSOE han rebasado el 20% de los apoyos en las once elecciones autonómicas que ha acogido la circunscripción de Zamora. Dar un respaldo mayoritario a otra marca es una rareza. De hecho, fue más común al principio, cuando en la revoltijo de siglas aún no estaba claro cuáles se iban a imponer. En los comicios de 1983, 24 municipios votaron «distinto». Desde entonces, el panorama ha cambiado.
El siglo XXI
Y eso que, desde 2015 para acá, el bipartidismo ha ido dejando espacio a fuerzas emergentes. Primero, Podemos; luego, Ciudadanos; ahora, Vox. Aún asi, en los 1.488 casos analizables en el siglo XXI, solo en 22 ha habido victorias de formaciones ajenas al Partido Popular y al PSOE en los comicios autonómicos en Zamora. En las últimas, con Vox como protagonista en la mayor parte de los casos (Coomonte, Roales, Torregamones, Alfaraz o Villaescusa), aunque también asoma por ahí Unión del Pueblo Leonés (UPL) en Morales de Rey o Ahora Decide en Almaraz.
Este último caso, el de la formación provincialista, ligada en estos momentos a la marca España Vaciada, y el municipio de Almaraz, es el ejemplo moderno de voto ajeno al bipartidismo. Ya van tres elecciones consecutivas en las que Ahora Decide, el partido también de su alcalde, se impone a nivel autonómico. La última vez que ganó el PSOE fue en 2011. Se trata de una excepción. En el resto, aunque cada vez haya más candidaturas, lo habitual es votar a los mismos de siempre.
