Antes de la edición del libro de Nicolás Copérnico De revolutionibus orbium coelestium, en 1543, para la humanidad la Tierra era el centro del universo. Conocer los movimientos de las estrellas en el cielo era, por tanto, fundamental para orientarse en ciertos ámbitos, no digamos en alta mar. Muchos autores se afanaron en publicar libros que ayudaran a los marineros en sus viajes. Uno de ellos fue Pedro Apiano, matemático del emperador Carlos IV, que trajo al mundo Astronomicum Caesareum, un libro que explica el uso del astrolabio y otros instrumentos utilizados, que recurre a los discos móviles de papel coloreados a mano para orientar a los marineros y que cuenta con impresionantes ilustraciones. Se publicó en 1540 y se considera el libro impreso más espectacular del siglo XVI. Se mantienen pocos ejemplares, uno de ellos está en Zamora y ahora, gracias al programa de digitalización (que acaba de terminar su segunda parte pasando a PDF un total de 690 obras), está al alcance de todo el mundo. Sin los discos móviles, eso sí.

El centro ha cerrado la última digitalización de fondos, que ha contado con la aportación de la Junta de Castilla y León y del Ministerio de Cultura, a través de sus Ayudas a la Digitalización y Preservación del Patrimonio Bibliográfico y su Difusión mediante Repositorios. En total se han digitalizado 290.000 páginas (un total de 690 libros). Los libros están ya disponibles en la Biblioteca Digital de Castilla y León y en un breve espacio temporal tendrán su enlace en los repositorios Hispana (Directorio Nacional de Recursos Digitales) y Europeana (Patrimonio Digital Europeo) «por lo que serán visibles para cualquier persona que quiera consultarlos desde cualquier parte del mundo», celebra Paco Pardo, director de la Biblioteca Pública de Zamora.
El trabajo ha sido minucioso y, aunque ha obligado a los libros a un momento de «estrés», se consigue que a partir de ahora puedan descansar más tranquilos. «El fondo antiguo de Zamora está en buen estado porque las prácticas bibliotecarias que se han hecho aquí en los últimos cien años han sido buenas. Además, por sus componentes, tiene una calidad de papel mucho mayor que cualquier libro que se edite ahora mismo. Un libro actual no existirá dentro de 40 años pero un códice del siglo XVI seguirá estando en las mismas condiciones, porque el papel era de mejor calidad.

Pardo asegura que la gran ventaja del proceso es la difusión que se da a la obra. Aunque el fondo antiguo de Zamora «no es especialmente importante», sí que contiene obras que sirven en momento de consulta para investigadores o expertos en determinadas materias.Desde ahora las casi 700 obras digitalizadas son accesibles «al momento y desde cualquier lugar del mundo» sin necesidad de volver a manipular el ejemplar original. De lo antiguo, en Zamora destaca especialmente la donación que en su día se hizo de la biblioteca de Cesáreo Fernández Duro, a lo que se suman fondos desamortizados de los conventos en el siglo XIX y pocas obras científicas, pues se imprimían menos. Son, con todo, más valiosas por lo escaso, como el Astronomicum Caesareum del que hablábamos al principio. De las obras religiosas, en Zamora tienen especial valor las anotaciones de las personas que leyeron y estudiaron esos libros en su día. Anotaciones que convierten cada ejemplar en original aunque pueda haber más de esa misma «tirada» repartidos por el territorio.
Con todo, la Biblioteca no es celosa de sus fondos y es consciente de que la utilidad de un libro, por antiguo que sea, es la consulta. Ahí radica el interés de esta digitalización, pues un vistazo a alguno de los ejemplares que han pasado por el escáner permite ver que, si bien han resistido el paso del tiempo de forma estoica, conviene no marearlos demasiado si se quieren conservar. Los libros son ahora más accesibles y más seguros.

