La primavera está en Badilla de Sayago, no busque más. El camino al mediodía del último jueves de febrero pide ropa ligera y ofrece la estampa de un lugar reverdecido por las lluvias anteriores y refulgente por el sol. La imagen lleva la banda sonora del silencio, apenas roto por el claxon que hace sonar el panadero de Fermoselle, que se detiene ante casas abiertas como la de Justa Ballesteros. La mujer sale a por la barra, escucha hablar de elecciones y prefiere decir poco: «No miran nada por los pueblos», resuelve.
Antes de subir a la furgoneta, el panadero propone una medida: que cuenten los votos en blanco y quiten escaños en consecuencia. Luego, se va otra vez a la faena y se aleja mientras el sonido del claxon se va perdiendo. No les voy a engañar a estas alturas: no se percibe mucha ilusión por las elecciones autonómicas en este pueblo. Ni en los de la contorna. Más bien, la gente pone cara de pereza al oír hablar de los comicios que se celebrarán el 15 de marzo y cuya campaña ha arrancado este viernes.

En el municipio al que pertenece Badilla, que es Fariza, la participación en las elecciones autonómicas de 2011, 2015 y 2019, las tres últimas que coincidieron con las locales, había sido superior al 80%; en 2022, ya solo para votar a las Cortes, se quedó en un 50,54%. La gente se movilizó menos. Puede influir que el ayuntamiento tiene siete núcleos y solo un centro de votación. Los de Cozcurrita, Mámoles, Tudera, Zafara, Palazuelo y Badilla tienen que desplazarse a la cabecera para ejercer su derecho. Es cierto que pasa un autobús, que muchos disponen de coche y que es un viaje corto, pero cuesta ir si uno no ve razones.
Y el del municipio de Fariza no es un caso aislado. La participación bajó, en 2022, en los 24 municipios de la comarca de Sayago. El desencanto se puede cuantificar. Pero volvamos al jueves primaveral del que goza Badilla. Cuando la bocina del panadero se pierde en la lejanía, el rumor del tractor de Mateo Blanco se hace presente. El hombre viene de hacer un poquito de faena y se sonríe cuando escucha de qué va la cosa. Luego, para el motor y habla tranquilo.
Con ese tono mesurado, Mateo cuenta que hay varios factores que pueden explicar la bajada de participación. El primero, un cierto hartazgo con la clase política: «Yo no soy muy de tele pero, cuando la pongo, todos salen gritando y me parecen lo mismo. Da asco», apunta el vecino, que probablemente irá a votar el domingo 15 de marzo, pero que mira a su alrededor y va contando: «Esa mujer de ahí tiene más de ochenta años y anda con problemas del corazón; el de para allá también es mayor, como casi todos…».
Lo que viene a decir Mateo es que a la gente le cuesta moverse y que ir a votar en estas elecciones en particular tampoco es el sueño de la vida de nadie por aquí. No es lo mismo que para elegir al alcalde. Eso se siente más cerca. De hecho, según apunta la alcaldesa pedánea, Teresa Tejado, «en las últimas municipales no quedó nadie sin ir». Para estas, también hay alternativas de transporte, pero «las personas como que pasan». «A veces, los mayores piensan: a nosotros qué nos importa quién esté», reflexiona la también concejala de Fariza.

En la misma línea, el alcalde del municipio, Manuel Ramos, concede que, desde que se han separado las municipales y las autonómicas, «adiós muy buenas» a las participaciones altas en las segundas: «Ha bajado notabilísimamente», constata el regidor, que admite que también cree que «la gente pasa un poco del tema» y que, efectivamente, «es mayor». La media de edad en los núcleos que componen Fariza es de 61 años. Y subiendo.
De Badilla a Tudera
La primavera que asoma en Badilla también llama a la puerta en Tudera, una de las entidades locales menores que forman parte de Fariza. De hecho, una mujer se atreve con una barbacoa en el jardín que habría sido impensable unas semanas atrás. Vamos para el buen tiempo. Aprovechando también esa coyuntura, el pedáneo de la localidad, Joaquín Sanz, se afana con la leña en una parcela pegada a su casa. Allí habla de su pueblo, del futuro de la zona y de unas elecciones que se aproximan sin hacer mucho ruido por aquí.
No se prevén grandes desembarcos de líderes nacionales en un lugar donde quedarán «treinta personas o así». En Tudera, la campaña se espera suave antes de una votación que sus vecinos tendrán que hacer en Fariza. Este caso es particular. Al ser entidad local menor, sus gentes sí tienen urna en la localidad para las municipales, pero no para el resto. Toca desplazarse. «Eso no creo que afecte. Las personas que quieren ir se organizan a nivel familiar o van en el bus», aclara Joaquín. Otra cosa es que lo hagan.

«Lo que puede pasar es que no tengan ganas; la gente es muy mayor», constata Joaquín, que lamenta que esta es una zona «deprimida, despoblada, envejecida, sin prácticamente medios para nada» y con vecinos que muestran un desinterés provocado: «Vienen aquí, te cuentan, te dicen que van a hacer y van a hacer, pero no se hace nada», asegura el vecino de Tudera, que ve el panorama negativo y que considera que muchas de las personas del entorno están en las mismas: «A la hora de votar, la gente puede decir: mira, que salga este o el otro. Me da igual».
Las competencias
Todo, a pesar del nivel competencial que tienen las comunidades autónomas, en asuntos tan relevantes como la sanidad, la educación o los servicios sociales. En Tudera, el médico va una vez a la semana. Y ha costado. «Pero mira el resto. El colegio de Muga, un sitio histórico, está cerrado. Y el parador también», añade Joaquín, que cree que el territorio «es una joya», pero con muchos problemas.
El Gobierno que salga de las urnas tendrá la obligación de afrontarlos, de ir a comarcas como esta a poner soluciones. Aunque ya nadie las espere.
