El Ayuntamiento de Zamora no tiene intención alguna de devolver el tráfico al Arco de Doña Urraca. Cada mensaje que da el equipo de Gobierno sobre este asunto va en la línea de consolidar el cierre a los vehículos, más allá de que se sigan «estudiando todas las opciones para intentar minimizar» el impacto que tiene esta decisión en los vecinos que cuentan con garajes en el entorno y que demandan que exista una solución idónea para ellos.
Este miércoles, el encargado de hablar del asunto ha sido el concejal de Protección Ciudadana, David Gago, que ha sido bastante claro: «Una puerta románica recién restaurada no puede tener acceso al tráfico». Eso, de base, pero es que, además, «los coches de ahora ya no son los de antes y cada vez había más problemas».
Gago se refiere aquí al aumento de la anchura de los turismos, que hacía cada vez más difícil el paso por el arco: «Tenemos un informe, ya del año 2020, en el que la Policía alertaba de las dificultades para el paso. Se ha pensado mucho desde entonces, pero la situación cambia ahora con la restauración y el arco se convierte, aún más, en un atractivo turístico», ha reflexionado el concejal.
En la misma línea, el responsable político ha apuntado que el rodeo para los vecinos, que ahora tienen que acceder a los garajes por San Martín o por el Riego, supone un tiempo extra inferior a los dos minutos: «No entras tan rápido a tu casa, pero no hay restricciones. Simplemente, el paso por una puerta del siglo XII queda prohibido para los vehículos», ha constatado el edil.
El equipo de Gobierno considera que las cámaras o los bolardos automáticos no son alternativas útiles, aunque sí se están estudiando posibles cambios de dirección cuya aceptación aún está en el aire: «Es complicado», ha remachado Gago.
